Un pedacito de Broadway en Madrid

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Por unas horas, el Teatro de la Zarzuela ensanchó sus caminos musicales y se convirtió en franquicia de Broadway. Como si el gotelé de las paredes hubiese sido sustituido por una nueva mano de pintura y estuviese aún fresca. Como si se hubiesen renovado los baños. El programa doble acercaba al espectador a dos obras en teoría alejadas, pero que casan a la perfección en favor del sacramento del hedonismo, que hace reir y rejuvenece a los teatros.

Primero, Lady, be good, un musical escrito por los hermanos George e Ira Gershwin y nunca estrenado en España hasta ahora. Después del descanso, Luna de miel en el Cairo, de Francisco Alonso, una obra estrenada como opereta en 1943, pero que en realidad es más bien una revista, la comedia musical popular que hizo furor en los años 20 y 30. Las dos son un lío de amores y enredos. El musical incluye el tonteo entre personajes ricos y pobres (todos con mucho descaro), emigrantes retornados y viudas que se hacen pasar por mexicanas chapurreando español. Luna de miel en El Cairo muestra a una compañía de teatro de poca monta para entremezclar tramas de los actores y de los personajes a los que interpretan. Sin llegar al nivel del Birdman de Alejandro González Iñárritu que se ve estos días en las salas de cine, pero tampoco tan lejos.

Programarlas juntas es un acierto, probablemente con la firma de Paolo Pinamonti, el director del teatro, al que le va la marcha y le gusta combinar títulos de toda la vida (y la Zarzuela es un teatro de toda la vida con público de toda la vida) con apuestas más innovadoras. La combinación dignifica al título español.

El musical de Gershwin tiene peso específico y cuenta con el morbo de un estreno en España, aunque sea 72 años después de su aparición en el Liberty Theatre de Nueva York. La interpretación y la puesta en escena son correctas pese a un reparto que en sus voces femeninas no está muy acertado y a que la orquesta se come a los cantantes demasiado a menudo. Aporta el exotismo del inglés en un teatro de zarzuela y el color de los Gershwin, siempre refrescante.

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Sin embargo, la revista española se sacude sin miedo de su vinculación temporal, que la inscribe en la atroz posguerra. Así, exhibe sin pudor todo tipo de guiños sexuales y muestra sin tapujos a dos personajes homosexuales, como si quisiera desafiar a la extinta censura que difícilmente hubiera permitido tal montaje. Las voces son mejores, especialmente la de Ruth Iniesta, verdadera estrella en lo vocal. La soprano Mariaola Cantarero es memorable por su comicidad y su actuación es desternillante. La obra en sí tiene incluye muchas gracietas y chistes facilones que si se mira al conjunto liman la belleza de algunos números musicales, pero arrancan no pocas carcajadas en el patio de butacas.

La puesta en escena es de Emilio Sagi, que fuera director artístico del Teatro Real y un veterano en las lides. Se adapta al musical, pero mejora con la revista, en especial con el ensayo del final del primer acto, un momento íntimo y original (un montón de globos azules sirven de telón) o el carnaval en el que se convierten los números del final en países lejanos de la España de la década de 1940.

El personaje de Marisa (María José Suárez), la sastre de la compañía de teatro, se marca una breve pero pertinente reflexión sobre la fugacidad de la fama en el teatro, aplicable a las artes escénicas en general. Unos días estás arriba, pero en un suspiro te haces mayor y ya no te llaman, ya no brillas. Pero la Zarzuela sí brilló con estas dos producciones entrelazadas. Aunque sólo sea por la fiesta de la intrascendencia o la calidez envolvente del musical que ha mitificado Broadway.

La ficha

QuéLady, be good! / Luna de miel en El Cairo (programa doble). Teatro de la Zarzuela. Lady, be good, musical con música y letra de George e Ira Gershwin. Luna de miel en el Cairo, opereta-revista con música de Francisco Alonso. Dirección musical: Kevin Farrell. Dirección de escena: Emilio Sagi. Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro del Teatro de la Zarzuela.

Por qué: Lady, be good es un estreno en España y fue creado por uno de los mitos de la música del silo XX en EEUU: George Gershwin. Su propuesta como programa doble con Luna de miel en El Cairo, estrenada en los años más duros del franquismo (1943), permite entrelazar dos géneros a priori muy distanciados por tradición y contexto sociopolítico. Un director experimentado y extranjero como Kevin Farrell para una zarzuela es sugerente (y para el musical, un valor añadido). La dirección de escena corre a cargo de un clásico: Emilio Sagi.

Fotos: Lady, be good y Luna de miel en el Cairo (Teatro de la Zarzuela)


31E: Cinco conclusiones sobre la marcha de Podemos

Marcha por el Cambio Sol

Quien buscaba una traducción política más concreta del 15-M ha podido verla este sábado, de nuevo en la Puerta del Sol. La manifestación convocada por Podemos ha sido una calculada demostración de fuerza: la puesta a punto de un motor que pretende recorrer 2015 “sacando a la mafia de las instituciones”, en palabras de Íñigo Errejón, secretario de Política del partido. He tenido la oportunidad de seguirla desde la calle desde antes de que comenzara y cubrirla junto a mis compañeros de El Español. Estas son mis conclusiones:

1.- El tamaño importa. El perfil, también. La marcha de Podemos ha reunido a manifestantes de varias generaciones. No ha sido una manifestación copada por jóvenes idealistas o radicales. Tampoco la protagonizó una vieja guardia de la extrema izquierda, habitual de otras manifestaciones. La marcha es la demostración de que Podemos ha logrado ensanchar mucho su base social. Se reconoce en el 15-M, pero sólo como trampolín, porque los ‘podemistas’ son muchos más. A la calle han salido abuelos con sus nietos, universitarios y personas sin estudios. La diversidad del perfil es en sí misma valiosa, haya o no una guerra de cifras para concluir si los que acudieron representan a muchos o pocos en el conjunto de la sociedad.

2.- Más que un grito de protesta. Los dirigentes de Podemos han insistido mucho en que su movimiento no es sólo de protesta y choque, sino más bien un aviso de lo que le espera a lo que ellos consideran casta. En el discurso de los oradores (Errejón, Monedero, Bescansa o Iglesias) no ha faltado la autoafirmación y los mensajes positivos. “Soñamos, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños”, fue el eje del discurso de Podemos. La “sonrisa” y la “alegría” frente a la pesadumbre no faltaron en ninguna intervención. Se pueden ganar unas elecciones protestando, pero sin un mensaje positivo y de esperanza es mucho más difícil. El votante necesita creer.

3.- Nosotros, el pueblo; ellos, los enemigos. Es uno de los puntos más delicados del discurso de Podemos. Podemos ha renunciado a la etiqueta de partido de izquierdas. Errejón ha animado a cualquiera, venga “del PSOE o del PP”, a integrarse en su movimiento si comparte el espíritu de regeneración que busca una amplia mayoría de la sociedad (o el “pueblo”, o la “patria”, según Iglesias). Sin embargo, la retórica sigue siendo la de “nosotros” y “ellos”. Para Iglesias, Samaras y Rajoy son “delegados” de Merkel en Grecia y España. Para Podemos, hay que acabar con el actual sistema político aunque ese sistema político haya sido refrendado en las urnas por los ciudadanos en elecciones libres. Pese a los esfuerzos de Podemos por ensancharse, persiste el frentismo.

4.-Si Grecia puede, ¿España también? Fue una de las partes más aplaudidas del discurso de Pablo Iglesias. En una semana, Grecia ha paralizado privatizaciones, devuelto la electricidad a 300.000 hogares, la atención sanitaria a miles de griegos y la sensación de pertenencia al país a muchos inmigrantes, según reivindicó. Iglesias sabe que mirarse en Syriza es un arma de doble filo. En su Gobierno no hay mujeres, pero sí el líder de un partido de extrema derecha. Pero Syriza marca el camino de lo posible, enseña que los españoles “pueden hacer sus deberes”, según dijo. No se trata de una quimera sino de emular la gesta de Syriza y aplicarle gestos propios de España.

5.- La selección natural acecha al PSOE. Es difícil ver al PSOE organizando hoy una manifestación de estas características y, sobre todo, atrayendo tanto entusiasmo. Es la ley del más fuerte. O te adaptas, o sucumbes. La partida parece jugarse ya entre el PP y Podemos. Pablo Iglesias quiere parecerse cada vez más al Felipe González que capitaneó una nueva izquierda. Es muy pronto para aventurar si se desinflará el suflé o si los cimientos son ya duraderos, pero los demás partidos tienen en la marcha de hoy un aliciente para moverse, no subestimar a su adversario e incluso aprender un poco de la clave de su éxito.


Hansel y Gretel: Una hamburguesa de autor en el Teatro Real

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Un supermercado de los grandes, de esos en los que te pierdes tratando de escoger entre quince marcas distintas de cereales, cuando tú lo que quieres es (sólo eso, crees tú) cereales. Todos ponen “nuevo”, “bajo en calorías” o “un 15% más gratis”. En esa promesa de éxtasis capitalista y en su reverso, la miseria y el hambre de los protagonistas, habita Hansel y Gretel, la ópera de Engelbert Humperdinck que se estrenó este martes en el Teatro Real.

La obra tiene mucho de roscón de Reyes y sucede en la cartelera a Muerte en Venecia, el elegante plato deconstruido que causó sensación en diciembre. Hansel y Gretel sabe a piruleta. No en vano es un clásico navideño en Alemania, donde se representa constantemente.

El cuento de los hermanos Grimm, en el que se basó el autor, es un ladrillo más en el edificio del imaginario alemán (la fábula es de 1812 y el estreno de la ópera de 1893). Para la ocasión, se reviste de una escena sofisticada que comienza con una casa destartalada y sucia y acaba con el supermercado atestado de colores y sabores. El contraste le viene muy bien al montaje, una producción del Festival de Glyndebourne.

El director de escena, Laurent Pelly, que ya triunfó recientemente en Madrid con La fille du regiment, es hábil sugiriendo una obra que casa en su primer acto con crisis económica. Los protagonistas tienen hambre, piensan en cómo sería su vida en épocas de bonanza, se pelean por una jarra de leche que se acaba rompiendo. Un gran contraste con los moradores del patio de butacas en un estreno del Real.

Luego viene la exuberancia del supermercado, la tentación, llegar a pensar que se puede disfrutar de tanto por tan poco, como si sobre la atractiva oferta no pendiesen los estrictos plazos de una hipoteca.

Los dos hermanos, encarnados por dos mujeres, no paran de brincar en toda la obra. La mezzosoprano Alice Coote (Hansel) logra el carácter burlón y confiado del personaje. Sylvia Schwartz llega un poco más justa a Gretel, la precabida pero ilusionada niña que ejerce de contrapeso. Su mejor momento vocal estuvo, paradojicamente, en el segundo acto, en la intimidad y quietud de un bosque por la noche.

La bruja, a la que da vida el tenor José Manuel Zapata, apabulla por su presencia y comicidad. Sus aires de travesti, de señorona que gasta colonia barata, sus gestos bruscos y ridículos o sus movimientos sobre el escenario funcionan, por si fuera poco, acompañados de una acertada interpretación musical.

Con Zapata, la obra respira. Gracias a la bruja, el público despierta y ríe con la mandíbula abierta hasta que la malvada desaparece, engullida por el fuego de su horno posmoderno, en un momento teatral demasiado discreto y carente de tensión.

La dirección musical corre a cargo de Paul Daniel, que dirigió una orquesta impetuosa y afanada en el postwagnerismo, pero con desajustes. En más de un momento el foso engulló a los hermanos, quizás exhaustos por el correteo.

Mientras ellos soñaban, se desplegaron pantallas con hamburguesas, patatas fritas, tartas que giran como una noria o batidos de todos los colores. Un momento refrescante en una obra con medidas ambiciones. En un instante, el Teatro Real parecía un monumental McDonalds donde los niños se lo pasan en grande comiendo con la boca abierta. Pero Hansel y Gretel no es un bocado cualquiera.

(Hansel y Gretel se representa en el Teatro Real hasta el 7 de febrero).

Texto publicado originalmente en El Huffington Post.


Una nueva página por escribir

Aeropuerto de Tempelhof

En mayo de 2012 volví a España para integrarme en el equipo que lanzó la edición española de El Huffington Post. Había pasado cinco años fuera, fundamentalmente como corresponsal en Bruselas. No tenía la menor intención de regresar a un país que con cierta distancia se me antojaba triste y al borde de la quiebra. El cierre de Público había puesto patas arriba mi vida, como la de tantos compañeros, pero contaba con muy buena gente a mi alrededor y algunas oportunidades profesionales. Un buen día, Montserrat Domínguez me llamó (gracias). Me ofreció sumarme a un equipo sólido, a un gigante empresarial y a una aventura con vistas a todo el mundo. Dije que sí y me mudé a Madrid.

Hoy, El Huffington Post está entre los tres diarios nativos digitales más leídos en España, llegando a superar los cinco millones de usuarios únicos mensuales y con 15 ediciones hermanas en cuatro continentes. En España, El HuffPost ha sido libre, ha entendido a la perfección internet y ha utilizado nuevos enfoques y narrativas para contar historias. Haya contribuido más o menos a este balance, lo cierto es que he sido testigo de excepción mientras se gestaba. Un gran motivo para estar agradecido.

En unos días, recogeré mis cosas y me trasladaré a la redacción de El Español. En realidad, aún no es una redacción. La vamos a construir. Poco a poco irá desapareciendo el eco de algunas salas y será sustituido por el ecosistema habitual de toda oficina. Mobiliario, ordenadores, personas que van y vienen. Pero en otoño también se escuchará nítidamente un nuevo sonido en la jungla. Un nuevo medio de comunicación, una oportunidad para tener y dar voz, contar historias que expliquen el mundo y lo mejoren.

En los ocho años que he trabajado como periodista he tenido el privilegio de disfrutar de cada trabajo como una oportunidad para aprender, pasármelo bien y ganarme la vida (no siempre en ese orden). Eso es, una vez más, lo que me anima a embarcarme en un nuevo viaje en el que antes de zarpar ya conozco a compañeros que me ofrecen total confianza. Este gallego de Vilalba que ha vivido en Noruega y en Bélgica se va a El Español para fundar un medio desde cero, con una inversión que asegura músculo periodístico y un planteamiento digital sin vicios previos.

“¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee? Terrible y triste cosa me parece escribir lo que no ha de ser leído; empero más ardua empresa se me figura a mí, inocente que soy, leer lo que no se ha escrito”.

La cita puede encontrarse en este artículo de Mariano José de Larra, una referencia muy presente en todo lo que rodea al nuevo proyecto. Reconoce el punto de partida (España necesitaba leer para ser libre entonces y hoy es urgente que haya más y mejores medios). Pero también resume un reto irrenunciable. El de llenar con buenas historias un futuro que ahora es una página en blanco. Aunque no haga falta papel.

Foto: Atardecer en el aeropuerto sin aviones de Tempelhof (Berlín), septiembre de 2014. Canción, Know how, de Kings of Convenience (letra aquí)


Europa: Qué he estado haciendo en 2014 (y III)

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No ha habido cumbres históricas. De hecho, sospecho que a la Historia no le ha impresionado prácticamente ninguna. Pero en 2014 sí ha habido mucha Unión Europea.  Su influencia en el mundo continúa decreciendo, le sigue faltando alma y Bruselas está un poquito más lejos del ciudadano, a pesar de algunos aciertos en la campaña electoral que renovó en mayo el Parlamento Europeo.

Desde que la suerte me llevó allí 2008, casi cada artículo ha sido un reto. Por la complejidad, por la aparente falta de atractivo, por una materia prima en ocasiones distante y gris. Y, sin embargo, siempre ha sido crucial saber qué se cuece en salas donde se decide parte de nuestro futuro. El Huffington Post ha demostrado su apuesta editorial y que se puede desdramatizar haciendo un poco más sexy a esa cincuentona con más de un achaque. Yo he tenido la suerte de escribir mucho sobre la UE, en ocasiones desde la misma Bruselas. Aquí algunos ejemplos:

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Entrevistas:

Preguntando al presidente del Gobierno en Bruselas:

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La audiencia en la que Arias Cañete se la jugó como comisario dio para el primer debate televisado emitido por El Huffington Post online (entero y por cachitos), que contó con la jefa de los socialistas españoles en la Eurocámara, Iratxe García, y los eurodiputados Pablo Zalba (PP), Pablo Echenique (Podemos) y Ernest Maragall (ERC). Aquí está íntegro:

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