Trataditis

En la imagen, Merkozy. ¿Qué pasaría si abriésemos el objetivo? (foto: N. Konstantin)

Europa se está contagiando de trataditis. Sus síntomas surgen en Bruselas en cualquier conversación sobre la cumbre de la Unión Europea de este jueves y viernes. ¿Es necesario reformar los tratados? ¿Será suficiente con reformar el Protocolo 12 o habrá que ir hacia una reforma profunda del Protocolo 14 y el artículo 136? ¿Y si la eurozona se dotase de un tratado propio, quién sería su árbitro? Los titulares se multiplican tanto en la prensa especializada como en la generalista y de repente todo el mundo tiene una opinión sobre “los tratados”.

La enfermedad se convierte en letal cuando se olvida que el cambio en los tratados no es ni un fin en sí mismo ni la solución a corto plazo para la crisis. Antes de que se abriese el melón de la arquitectura institucional, los tres elementos clave de la crisis estaban ya sobre la mesa. La especulación y sus dos antídotos: la responsabilidad y la solidaridad. La especulación sigue campando a sus anchas, ya que las sucesivas reformas de la legislación financiera no han cambiado los fundamentos del sistema. El mejor ejemplo son las agencias de calificación, indiferentes a las tres reformas legales que se han puesto en marcha desde 2008. La responsabilidad es para Alemania un sinónimo de drástica austeridad y debe imponerse a los demás socios para saciar la sed de los especuladores. La solidaridad, ya sea a través de métodos de intervención temporales (el BCE y los fondos de rescate) o escudos duraderos (eurobonos), es el último elemento de la lista para los líderes del euro, aunque debería ser el primero.

Solidaridad. A corto plazo, sólo hay una institución capaz de conseguir que la zona euro se libere de las dudas de los especuladores, atenuadas estos días por la perspectiva de un acuerdo. No es nueva, no tiene por qué ser reformada en un tratado para poder actuar y  siempre ha estado ahí. Se trata del Banco Central Europeo. El BCE, que sólo es independiente sobre el papel, está tan influenciado por Alemania como las cumbres de líderes de la UE. Sus objetivos no difieren demasiado, ya que Alemania es siempre el jugador con más fichas en la casa de apuestas. Berlín, como primera potencia del euro, exige austeridad a cambio de relajar su oposición a los ayudar a sus socios y reforzar el fondo de rescate. El actual no tiene fondos y el futuro es sólo una promesa. Ambos serán objeto de discusión durante la cumbre. El BCE exige austeridad (y para prueba las cartas de este verano a Berlusconi y Zapatero) a cambio de comprar deuda masivamente.

Responsabilidad. Bien entendida, comienza por uno mismo. El endeudamiento excesivo no es de izquierdas ni de derechas, sino una amenaza mientras dependa de la buena disposición de los inversores. Al fin y al cabo, la única razón de ser de los especuladores no es financiar patrióticamente a países sino simplemente ganar dinero. Sin embargo, el endeudamiento (público, como el griego o el italiano, o privado como el español) está ahí y tardará en reducirse. Bien entendida, la responsabilidad no sólo consiste en no tener deudas enormes, sino en evitar que te acaben tumbando cuando ya las tienes. En ese sentido, la deriva alemana está poniendo en riesgo el crecimiento necesario para devolver lo que se debe o propuestas como los eurobonos, un escudo contra la especulación tan efectivo como poco probable a corto plazo.

Llegados a este punto… ¿dónde encajan los tratados? Aunque las discusiones sean muy apasionadas en Bruselas, su razón de ser es más mundana: intereses nacionales y electorales. “Los tratados se utilizan para un fin, no son la sustancia, no son lo más importante”, recuerda un alto diplomático comunitario. “Pero para Alemania, exigir un gran cambio en el tratado es muy sexy, es un dogma político. Imagínate a la canciller entrando en el Bundestag asegurando que ha conseguido cambiar el protocolo 12. Todo el mundo se reiría”, señala. No ocurriría lo mismo con un cambio de tratado, que los votantes recordarían a la hora de votar en las elecciones generales de 2013. Merkel, la canciller que hizo a Europa alemana. “Francia, por otro lado, es perversa. Sarkozy quiere refundar Europa antes de sus elecciones presidenciales y exige un tratado nuevo y sólo para los 17 países del euro. ¿Pero cómo se articularían los sistemas de votación que proponen Merkel y Sarkozy? ¿Cómo se implicaría al Tribunal de Justicia europeo? Los dos elementos caerían por su propio peso”, añadió.

La fórmula legal que finalmente se adopte es en realidad un traje a medida de la Europa que viene. Los servicios jurídicos de las instituciones son expertos en su confección. En la Europa que viene, un país o sus bancos podrían ser apoyados o no por sus socios de la unión monetaria, un barco con muchos camarotes ante un mismo iceberg. En la Europa que viene, los derechos de los ciudadanos o el modelo de bienestar europeo podrían sufrir o no un gran ataque. Eso es lo que realmente está en juego.

El día en que Merkel dejó de ser socialista

Merkel y Sarkozy, con Van Rompuy y Junker.

Radoslaw Sikosrski, el ministro polaco de Exteriores, pronunció la semana pasada un discurso en Berlín en el que aseguró que teme más la inacción de Alemania para poner fin a la crisis que sus decisiones equivocadas. El discurso fue muy celebrado por la prensa internacional, que reconoció el valor de Polonia, país clave de la Europa del este y presidencia de turno de la Unión Europea, para decir alto y claro lo que muchos piensan dentro de la eurozona.

Sin embargo, ayer las acciones pesaron más que las omisiones en la lista de pecados de Angela Merkel. La cumbre de Francia y Alemania deparó tres rectificaciones clave. La primera y más clara es la renuncia a que el sector privado contribuya en futuros rescates de la zona del euro renunciando a parte del retorno de sus inversiones. La idea fue una bandera de la canciller y le granjeó aliados insospechados: una buena parte de la izquierda europea. La intención era tan simple que caló hondo entre los ciudadanos: los bancos invirtieron en deuda griega a pesar de que el país se estaba endeudando peligrosamente, por lo que si Grecia quiebra, las entidades deben que asumir parte de las deudas. Merkel no se había vuelto socialista, sino populista, entre otras cosas porque los bancos alemanes (que reciben mucho más dinero público que el resto) estaban pringados hasta la médula en Atenas.

Ayer se revirtió esa idea, utilizada ya con Grecia y nacida de otro célebre encuentro de Merkel y Sarkozy, que quedará para siempre inmortalizado en las playas de la localidad francesa de Deauville. De nada sirven las rebajas, porque salvo una revisión a fondo del funcionamiento de los mercados financieros o una drástica reducción de la deuda pública, los especuladores siguen teniendo la sartén por el mango. La exigencia ayer olvidada de Merkel provocó una gran tormenta financiera porque los mercados interpretaron que el euro ya no pagaba sus deudas. Según ese razonamiento, Grecia es un precedente para otros países. La cumbre de Deauville marcó el inicio del contagio.

Merkel rectificó ayer también en cuanto al fondo de rescate. Sobre la mesa está de nuevo la propuesta de Sarkozy de dotar al nuevo mecanismo (que sucederá al actual el año que viene) de licencia bancaria para que pueda acudir como cualquier otra entidad al BCE y recibir el apoyo de un gigante que de momento sólo sostiene sin complejos al sector privado. La tercera rectificación es de Sarkozy, que aceptó las sanciones automáticas del Pacto de Estabilidad que en Deauville había conseguido neutralizar.

La refundación de Europa se basa en una enmienda a las propuestas de octubre de 2010 que sigue dejando para otro momento el gran reto: recuperar el crecimiento y el empleo. La austeridad, por sí misma, es una constante que todavía no ha convencido a casi nadie fuera de las salas de reuniones del nuevo directorio europeo. El comisario europeo de Empleo, László Andor, advierte este martes en su cuenta en Twitter de que endurecer las sanciones hasta hacerlas automáticas las convierte en “una broma”, porque “la unión económica necesita de un proceso de decisiones colectivo y democrático, que pueda responder a los retos”. Andor alerta de que la unión económica “por sí sola no salvará a la moneda única” ya que “la unión de deuda es necesaria” a través de eurobonos y un papel más activo del BCE. En este largo y costoso proceso de ensayo-error, la refundación de ideas que ayer exhibió el eje francoalemán podría no ser la última.

Eficacia no gasto

Fogos artificiales vistos desde a praza de Santa María (01/09/2011/D.B.)

As expresións “eficacia no gasto” ou “estabilidade orzamentaria”, tan repetidas nestes tempos, utilízanse con frecuencia como eufemismos doutra de significado moito máis feroz: recorte (de servizos sociais, educación, ou sanidade, por exemplo). En realidade, non deberían soar a eufemismo senón presupoñerse a todo bo xestor ou gobernante. Se cada vez que as escoitamos torcémos o xesto e pensamos “aí ven o lobo” é simplemente porque veñen a significar que durante uns anos vivimos perigosamente. Fixemos da ineficacia no gasto unha regra, o normal. O lobo é, no mellor dos casos, unha versión responsable de nós mesmos.

Para afastarse deste debate chega con pisar Vilalba nestes días de rencontro familiar e overbooking nos bares. Vilalba vive as festas de San Ramón e Santa María e as festas son precisamente para esquecerse das miserias cotiás e firmar un armisticio coa crise, aínda que só dure uns días. As deste ano, segundo as informacións publicadas na prensa, teñen un custo estimado de 280.000 euros, dos cales 70.000 proceden directamente do Concello. Pode que haxa quen diga que o gasto é excesivo, e máis nestes tempos de austeridade, pero sempre haberá quen replique que Vilalba ben o merece. E xa se sabe que contra os argumentos do corazón as demáis palabras perden forza.

Aínda que ás veces non luza, en Vilalba hai moita xente que pon en dúbida as declaracións de Suso Trastoy publicadas esta semana por El Progreso, nas que di que a única Cultura que hai en Vilalba é a da “misa de doce” e a de “tomar viños, nada máis”. El é, por citar o primeiro nome, un bo exemplo do contrario. Pero hai máis. En Vilalba existe unha grande tradición musical que orbita fundamentalmente en torno á banda de música e ó conservatorio. Hai unha xeración de músicos novos, profesionáis e que están abríndose camiño en cidades españolas e europeas gracias a un traballo de calidade. Refírome a nomes como José Ramón Saborido, Anabel Nistal, Iván Siso, Daniel Veiga, Marta Prado, Daniel Rivas ou Paula Rouco, entre moitos outros. Ademáis, en Vilalba hai máis música, con boas bandas de gaitas e pandereteiras ou incluso grupos de pop e rock.

¿Que son unhas festas sen música? O mesmo que un pobo que prescinde dos seus mellores activos. No caso de Vilalba, que institucións como a banda de música non estiveran presentes no programa e por pouco ausentes do escenario parece imperdoable. Que a asociación de músicos tivese que autofinanciar parcialmente a súa actuación coa apresurada venda de rifas cando ó mesmo tempo se poñen a disposición dos artistas chegados de fora miles de euros en caprichos e catering, soa a ciencia ficción. Outros colectivos e grupos denunciaron tamén a falta de apoio institucional e organizativo que os levou a organizar un festival paralelo ó programa oficial, que contou con artistas como Efecto Mariposa, Nena Daconte, Bertín Osborne, Karina, Jeanette, Lucía Pérez ou Francesco Napoli, entre outros.

Parece claro que o día que ás festas de Vilalba cheguen as expresións “eficacia no gasto” ou “estabilidade orzamentaria” deberán vir acompañadas dun cambio na maneira de facer as cousas que saiba ver no aproveitamento do talento que xa existe a mellor das inversións posibles.

Cuatro reflexiones sobre la prima de riesgo

(Entrada publicada simultaneamente en Escolar.net)

1.- La reforma del sistema financiero está a medias. Decir que los mercados financieros no funcionan correctamente puede parecer una obviedad, pero nunca su efecto fue más devastador. No supieron prevenir la crisis financiera que estalló con la caída de Lehman Brothers y en su secuela, la crisis de deuda soberana, ponen en el punto de mira a países cuya gestión actual de la crisis en modo alguno explica dudas tan acentuadas. Pasaron de no inmutarse por nada a la histeria. Ambos extremos acaban siendo subsanados gracias a enormes sumas de dinero público.

O se acepta que la especulación totalmente libre (ya sea con hipotecas basura o con deuda pública) es el mejor de los sistemas, o se cambian las reglas de juego y se limita la licencia para matar. Un paso intermedio en los países que se manejan en euros cambien su manera de relacionarse con los especuladores a través de la imposición de límites a los excesos y la integración económica para compartir riesgos y evitar flancos débiles.

2.- En Europa está parte del problema y de la solución. Durante más de 10 años, los países del euro se han comportado como los armadores del Titanic. Maravillados por la genialidad del concepto, se olvidaron de que en el océano también hay icebergs. Ignorar los beneficios de toda una década es tan simplista como ignorar sus deficiencias, que sólo ahora se empiezan a corregir. Hace tan solo unos días, los líderes del euro pactaron el segundo rescate de Grecia y flexibilizaron el fondo de apoyo al euro para intervenir en los mercados de deuda, pero al plan le faltan semanas para estar plenamente operativo.

En sí, es un hito en la contrucción de una Unión Europea económicamente federal que está obligada a conjugar sentimientos nacionales a veces contrapuestos. Como ningún país se plantea abiertamente abandonar la moneda única, no hay opción a compartir compañeros de viaje. Aunque a veces la travesía parezca un infierno.

3.- La prima de riesgo no entiende de color político. Un repaso a la situación europea basta para darse cuenta de que la crisis de la deuda soberana merece cierta altura de miras. Que en Italia Gobierne la derecha con políticas de derechas y años por delante hasta las próximas elecciones no ha evitado una situación de alta tensión. El cambio en Portugal, desencadenante de su rescate, no ha evitado ni más recortes sociales ni rumores sobre un segundo programa de ayuda. Es ingenuo creer que la convocatoria de elecciones o un cambio en el inquilino de la Moncloa es suficiente para restablecer la confianza.

La campaña electoral puede ser la más crucial de la democracia. De momento se debaten asuntos como si Alfredo Pérez Rubalcaba es el líder del PSOE o si Mariano Rajoy es un político de centro, pero de la capacidad del próximo Gobierno para dar carpetazo a la crisis dependerá el bienestar a medio plazo de sus gobernados. Nunca fue tan necesario un debate sobre ideas y propuestas concretas.

4.- Es el crecimiento, estúpido. Un argumento recurrente de las agencias de calificación es la debilidad del crecimiento de los países más acorralados por la especulación. Paradójicamente, lo dicen al mismo tiempo que exigen recortes del déficit para demostrar que se pagarán las deudas. En realidad, el control del déficit es imprescindible, pero siempre que se subordine a la expansión de la economía, de la que depende la creación de empleo, la recaudación de impuestos y el pago de las deudas.

La Unión Europea lleva un par de años obsesionada sólo con el control del gasto público. Para economías que funcionaban antes de la crisis puede ser suficiente. En el caso de la española, hace ya tiempo que se superó el punto de no retorno, llamado también estallido de la burbuja inmobiliaria. Como el ladrillo no va a volver, porque todavía no se ha ido, podríamos dedicar este mes de agosto a pensar qué podemos hacer mejor que nadie y centrarnos en la tarea. Y no me refiero a descansar en nuestro lugar favorito.

 

La privacidad como modelo de negocio

Zaryn Dentzel, fundador de Tuenti (Pixel y Dixel)

Hace ya cuatro años que dejé Madrid para vivir fuera de España. Quizás por eso mi cuenta en Tuenti está casi muerta, en comparación con la de Facebook, que utilizo para comunicarme con mis amigos. El gran rival de la compañía norteamericana se fundó en 2006 y estaba arrancando cuando me abrí mi cuenta en Facebook en Noruega, donde estudié gracias a una beca Erasmus. Zaryn Dentzel, el fundador de la red social española, apunta ahora hacia personas como yo y, sobre todo, a mis amigos que no tienen ninguna vinculación con España. Su aspiración es justa: competir con tecnología. Sin embargo, el modelo sigue siendo similar. De momento hay pocos matices. Para algunos, Tuenti es menos atractivo y completo. Para otros, las aplicaciones y servicios de Facebook son ruido que distrae la atención.

Quizás para comenzar a marcar la diferencia, Tuenti insiste en una seña de identidad y explora nuevas vías para el futuro. En el ADN de Tuenti está la convicción de que debe ser una red privada a la que se accede por invitación. Por su parte, Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, ha sugerido recientemente que gracias a internet y las redes sociales, la privacidad tal y como la entendíamos ha dejado de tener sentido.

Entre los nuevos proyectos están el videoclub online que Tuenti pretende lanzar en cuanto acaben las negociaciones con las gestoras de derechos (ya saben, siempre azarosas), y más servicios para el móvil gracias al control que sobre la compañía ejerce Telefónica, que se hizo con una participación mayoritaria el año pasado.

Sin embargo, además de nuevos modelos de negocio, el futuro de las redes sociales puede pasar en Europa por una mayor protección institucional del usuario, que tras más de una década de ensayo y error está comenzando a valorar tanto como la posibilidad de conectarse y compartir información la necesidad de protegerse de usos no deseados. Es en este contexto en el que Tuenti tiene una pregunta que responder. En la entrevista que hoy ofrecemos en Público, Dentzel se rebela contra la disparidad de leyes que rigen a unos y a otros. Facebook se rige por la legislación norteamericana, más laxa, mientras que Tuenti está obligada a cumplir con normas que le exigen el borrado de perfiles, por ejemplo. O todos o ninguno, pero preferiblemente ninguno, viene a decir Dentzel. En la privacidad puede estar el negocio del futuro, tanto en su explotación como en su correcta protección. ¿Cuál será la apuesta de la red española?

“Es injusto que nos obliguen a borrar perfiles de menores”

Sobre su vida planea un eterno e insistente desmentido. “No, no estamos en ninguna guerra contra Facebook”, dice una vez más. Se ha convertido en una rutina, a veces machacona y tediosa. Podría decirse que en una conversación con Zaryn Dentzel(1983, Santa Barbara, EEUU) hay más posibilidades de que surja antes el nombre de la gran red social estadounidense, de alcance global, que el de Tuenti, la red social “española, para españoles y en español”, como su fundador se encarga de aclarar.

Ambas tienen un objetivo común: conectar a personas en internet. Dentzel comparte además con el alma de Facebook, Mark Zuckerberg, un estilo desenfadado tras el que se esconde un firme espíritu emprendedor que llevó a ambos a crear sus empresas antes de cumplir 25 años. Sus 230 empleados se comunican en inglés en las oficinas de “tueni”, como pronuncia su fundador. Aterrizó por primera vez en España con 15 años y creó hace cinco la red social que no está en guerra con Facebook. Si lo estuviera, en España la batalla estaría muy abierta. Facebook tuvo en abril 22.5 millones de visitantes, mientras que Tuenti alcanzó los 16, según datos de la empresa comScore. Telefónica se hizo con el control de la empresa el año pasado, tras fracasar con su propia red social, Keteke. Ahora, Tuenti prepara nuevos servicios para móviles y un videoclub online de pago. Desde el mes pasado, usuarios de fuera de España pueden darse de alta en la red social. (Sigue leyendo)

Sólo nos cuentan la receta a medias

Portada de Público de este domingo

¡Necesitamos empresas competitivas como las de Alemania! ¡Necesitamos la flexiseguridad en el mercado laboral que funciona en Dinamarca! En teoría, suena bien, porque se trata de mejorar nuestro sistema laboral y hacerlo más eficiente. Pero en ningún momento hablamos de las otras patas de esos modelos: la importancia de los sindicatos en la marcha de las empresas en Alemania o el sistema impositivo de Dinamarca, que pone en manos del Estado ingentes recursos para educar a y ofrecer formación contínua a los trabajadores e invertir en los sectores productivos. Con una crisis por medio, las propuestas diseñadas en la Unión Europea acaban aplicando sólo una selección de las recetas, la más peligrosa.

En España, la burbuja inmobiliaria taladró los cimientos de la economía, empujando a toda una generación desde la educación al dinero fácil. Los sectores que pueden hacer competitiva a una economía de un país desarrollado cayeron en el olvido: la I+D, la alta tecnología, la producción de productos avanzados y el conocimiento. Sólo con inversión en esos sectores se logrará un cambio del modelo productivo que favorezca el crecimiento y la creación de empleo. Y esos brotes verdes no nacen de la noche a la mañana (como las burbujas) o de condiciones más precarias.

El camino elegido ha sido el del acelerador en la reducción del gasto, los nuevos controles de la deuda y el déficit, la bajada de salarios y el refuerzo del poder del empresario. La lógica es simple, la hegemonía es la de siempre. A los inversores financieros no se les puede llevar la contraria, so pena de acabar como Grecia o Portugal. ¡Se trata del libre mercado! A los empresarios que piden más flexibilidad en el despido o la fijación de salarios, tampoco. ¿Quién puede desear con más honestidad que sus empresas prosperen y, con ellas (eso dicen) el país?

En Público dedicamos hoy una amplia cobertura a las manifestaciones que recorrerán España, nacidas del espíritu del movimiento del 15 de marzo, el único que ha conseguido visibilizar un malestar ciudadano y una repulsa intelectual que ningún gran partido político ha sabido plantear. Uno de los artículos, que firmo, trata de explicar las recomendaciones de la Unión Europea cuya puesta en práctica acarrean innumerables riesgos.

Algunas, como el Semestre Europeo o las seis medidas destinadas a frenar la deuda y el déficit, son textos legislativos y vinculantes. Otras, como el Pacto del Euro, son recomendaciones diseñadas directamente por Alemania para el resto de países. Sin embargo, hay miradas que matan, y el Gobierno español ya se apresuró en marzo a presentar una lista de compromisos.

El Pacto del Euro castiga a los trabajdores y el gasto social

Indignadanos, por Baltasar Garzón.

Grecia: Es el sistema, estúpido

No se necesitan más juegos o ciencia ficción, pero ¿qué tipo de revolución?

Reprofiling, roll over, soft restructuring, credit event o selective default son sólo algunos de los términos de difícil traducción, tanto a un idioma que no sea el inglés como a un lenguaje comprensible. Con matices, todos se refieren a lo mismo: la participación de la banca (griega, alemana o francesa) en el segundo rescate de Grecia. Un año después del primero, los 17 ministros de Economía de la zona euro se han dado cuenta de que exigir a Grecia que desmonte el Estado para rebajar el déficit no es sino una tirita para una herida mucho más grande. Todos los países desarrollados refinancian su economía a través de la deuda pública. De esa manera, atan su supervivencia al termómetro de su prestigio en los mercados financieros que regularmente les prestan dinero.

Ni toda la austeridad impuesta a Grecia (reducción del gasto y privatizaciones que ascienden a 50.000 millones de euros) ha restablecido su imagen como para regresar el año que viene a la refinanciación totalmente privada, un agua de la que desde el año pasado Atenas no bebe gracias a los 110.000 millones de la Unión Europea y el FMI. En buena medida por la irresponsabilidad de los políticos de toda una década, Grecia rozará este año un volumen de deuda equivalente al 160% de su PIB, acercándose al triple de lo que en teoría permite la UE (un 60%). La española, de las más bajas, se situará en el 68%, mientras que la de Alemania rondará el 82%, según  los cálculos de la Comisión Europea.

Tras un año de rescate hay una conclusión clara: ha fracasado la lluvia de millones a cambio de austeridad, que ha logrado el objetivo opuesto al inicialmente previsto. El crecimiento de Grecia se hunde y los inversores no quieren ni oir hablar de invertir en un país que vive un clima de cisma político y social. ¿Qué más se puede hacer ahora?

¡Que paguen los bancos! Se ha demostrado que el sector financiero ayudó a Grecia a multiplicar su deuda al tiempo que malversaba sus estadísticas. Cuando comenzaron las dudas, se benefició imponiendo unos tipos de interés más altos a sabiendas de que si Grecia no pagaba, la zona euro lo haría. Se trata, sin duda, de la opción más lógica. Que la crisis no la paguen los ciudadanos, por muy malos dirigentes a los que hayan elegido, sino los bancos que la azuzaron. Cuenta con dos apoyos aparentemente contradictorios. El de la izquierda europea sin responsabilidad de gobierno y la derecha más poderosa del continente: la que manda en Alemania y los países nórdicos.

Pero el viaje ideológico de Angela Merkel y los países nórdicos no les conduce precisamente a la izquierda. Por desgracia, esas metamorfosis suelen ocurrir sólo en un sentido: el inverso. Defender un rescate, aunque esté en juego el euro, cuesta muchos votos en Alemania, el país más grande de la UE y por tanto el que más contribuye en términos absolutos. Suecia, Finlandia o Holanda asisten a la popularidad de nuevos partidos, más a la derecha y con alergia de Bruselas y sus eurorrescates. Esas nuevas formaciones políticas han acabado determinando la formación de varios Gobiernos. Por eso Merkel se opuso el año pasado al primer rescate de los griegos (esos vagos que se jubilan a los 50, como llegó a decir la prensa de su país) y por acabar cediendo perdió varias elecciones regionales clave.

Al otro lado está el BCE, que de tanto inyectar liquidez a unos bancos europeos enfermos y de tanto comprar deuda se ha convertido en todo un riesgo, un contenedor de problemas de otros. También está Francia, aunque tímidamente y siempre mirando de reojo a la cancillería en Berlín, y otros países, entre los que están los acosados por los mercados: Portugal, España, Italia o Bélgica.

¿Por qué se opondría un país castigado por la desconfianza de los mercados a que sus principales actores dejen de recibir en los plazos previstos su lucrativa inversión en Grecia? La respuesta está en que, pase lo que pase, siempre gana la banca. En otras palabras: el libre mercado ha sido tan libre que ha dejado de ser un mercado en el que rige la sana fijación de precios. Intentar pararlo ahora, según el BCE o la Comisión Europea, sería tan ingenuo como irresponsable a corto plazo. Las agencias de calificación de riesgos, esas que miraron para otro lado cuando se gestaba la crisis financiera, alertan de que incumplir los contratos de los bonos de deuda para retrasar su vencimiento u obligar a que los bancos no huyan de Grecia sería considerado como una quiebra encubierta. Si el segundo rescate de Grecia es percibido de esa manera, alertan, la primera perjudicada será de nuevo Grecia. Se produciría una estampida de inversores de todos modos, dicen. En menor medida, huirían de los países en apuros que todavía se refinancian en los mercados. España, por sus propios problemas, quedaría a un paso del abismo. Con España, toda la zona euro.

Sin embargo, hasta las agencias de calificación y la City londinense (y toda esa prensa escrita en un idioma no oficial en la zona euro), ven como inevitable esa reestructuración. La explicación es una vez más que la banca siempre gana. Las dudas sobre Grecia se han cronificado tanto que los inversores se han cubierto con multimillonarios seguros de impago (o CDS), unos productos ausentes de toda regulación y altamente especulativos.

Con todos estos intereses en juego se debate estos días qué hacer con Grecia. La solución debe contentar a la opinión pública alemana (de la que depende Angela Merkel), a las agencias de calificación, a los países afectados y garantizar la estabilidad de los bancos a los que, nos guste o no, la zona euro se ha venido sometiendo sin posibilidad de rebelión inmediata. Sólo hay una conclusión clara. Los indignados y el movimiento 15-M parecen haberla asumido. Un “así, no”, bastante general y poco concreto que más allá de todos estos detalles se ha revelado como la (casi) única verdad incontestable. El problema no reside sólo en la irresponsabilidad de los políticos griegos, o sólo en la codicia de los especuladores, en la tacañería cultural de unos alemanes hartos de pagar o en el “todo es posible” de burbujas inmobiliarias. No es responsabilidad sólo de un actor concreto. El problema podría residir (y de ahí su complejidad) en la podedumbre del las hondas raíces del sistema.