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French fries with mayonnaise

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Bélgica lleva 101 días sin Gobierno. Holanda, 104. El Benelux se eterniza a la deriva, salvo en el caso de Luxemburgo, único socio con Gobierno constituído. Claro que, para muchos conservadores, en especial franceses, el país no debería existir para no engendrar comisarias como Vivian Reding.

Cuando se cumplieron tres meses del desgobierno belga, analicé en Público la nueva estrategia de los valones (francófonos, sureños y menos desarrollados económicamente). Tras la ruptura de las negociaciones formales optaron por presentarse como más flamencos que los propios flamencos. Mentaron la escisión por puro hartazgo para que los nacionalistas del norte del país asumieran la impopularidad asociada a la idea. Pero no les salió bien. Como muestra el vídeo al principio del post, cualquier estrategia en Bélgica tiene que ser imposible para que tenga éxito.

Como no tener Gobierno no es ninguna tragedia en países fuertemente fragmentados en cuanto a opciones políticas, los belgas se dejan llevar por la inercia. Incluso presiden la UE. Como dice el eurodiputado euroescéptico Nigel Farage, “no pueden ni formar Gobierno en su propio país, pero aún así son presidentes de la UE”, recordó a Herman Van Rompuy, el también belga presidente del Consejo, que comparte cargo con la presidencia rotatoria. En realidad, es una suerte para la agenda europea que Bélgica no forme Gobierno. El Ejecutivo que la preparó es la que la está desarrollando y sus ministros se encuentran, en cuanto a los asuntos de su país, atados de pies y manos al estar “en funciones”.

Sin embargo, hay más consecuencias. Lo analizan en sus recomendables blogs mis colegas Bernardo de Miguel y Eliseo Oliveras.

Ambas naciones [Bélgica y Holanda] son piezas claves en la candente renegociación de la presencia europea en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Y el visto bueno de Holanda, además, resulta imprescindible para que Bruselas pueda aceptar el próximo mes de octubre la candidatura de Serbia al ingreso en la UE, un beneplácito bloqueado por el anterior parlamento holandés. […] Bélgica, con una galopante deuda pública de de más de 300.000 millones de euros (equivalente al 96,7% de su Producto Interior Bruto), se presenta como el eslabón más débil. La semana pasada, el influyente Financial Times ya intentaba colocar al país de Brel en el punto de mira de los inversores. Para el FT, el diferencial de 80 puntos básicos entre la rentabilidad del bono belga y el alemán no refleja de manera adecuada la tensión política del plat pays.

Sigue leyendo en La UE, del revés, por Bernardo de Miguel

Una profunda desconfianza política se ha instalado entre los partidos flamencos y francófonos sobre la voluntad real de unos y otros de llegar a un acuerdo. Da la impresión que las negociaciones se reanudan una y otra vez infructuosamente sólo por que ningún partido quiere ser señalado como el culpable de la ruptura definitiva de las mismas. […] El principal escollo de la negociación es la reforma de la ley de financiación de las regiones, que Flandes quiere cambiar para poder recortar las transferencias de fondos que realiza hacia la endémicamente deficitaria comunidad francófona de Bruselas y Valonia a través del presupuesto del Estado. Flandes considera que debe acabarse con el actual “federalismo del consumo”, que mantiene a Valonia y Bruselas con unas tasas de paro elevadísimas y un confortable nivel de protección social costeado por la laboriosidad de los flamencos. Los partidos francófonos no pueden aceptar un cambio significativo de la ley de financiación, porque les obligaría a recortar los gastos en educación, sanidad pública, protección social y desempleo. Los dirigentes francófonos consideran que la reforma de la ley será “abrir la caja de Pandora” y acusan al norte de querer recortar la solidaridad interna norte-sur del país.

Sigue leyendo en Crónica Europea, por Eliseo Oliveras


¡Vámonos de fiesta!

No hubo noticias, pero sí flamenco con María Pagés y Tamara Rojo en el Real | netjcmv

Que no les engañen con sus trajes de gala o el glamur cañí (tan nuestro), pero mucho menos con palabras. Me refiero a términos como “una reunión muy en un clima constructivo”, “ahora o nunca”, “Europa se enfrenta a un gran desafío” y obviedades varias. Ayer no fue un día de noticias para la Unión Europea. Tampoco pasa nada, no hay que fatigar a la transparencia. Fue un día más bien para el postureo, para los cotilleos y para fraguar acontecimientos futuros.

-Preguntado por alguien que buscaba un “qué hay de lo mío”, Van Rompuy reconoció que no tiene ni idea de Cuba. A él que le registren, que sólo está en el cargo desde el lunes.

-Preguntado por una colega española que quizás piensa que por tener un 20% de paro España debe pasar palabra en temas económicos, Zapatero se molestó y sugirió antipatriotismo.

-Preguntado por su lugar central en el podio de Moncloa, Zapatero respondió diciendo que su corazón está a la izquierda. A Barroso, a la izquierda en el podio, le dio la risa floja quizás pensando si tiene corazón y a que lado.

-Preguntando en francés un periodista galo que considera un agravio a la diversiad cultural que no haya cinco lenguas de traducción (además del inglés) en encuentros de corresponsales europeos con Zapatero, fue respondido.

-Es de suponer que nadie le preguntó a Carl Bildt, ministro de Exteriores sueco, si tenía muchas ganas de flamenco.

-Es de suponer que la reina no respondió a gran cosa en ningún idioma.


La nueva e inminente Comisión Europea

La última foto de familia, desfasada desde hace unos meses, con los comisarios que seguirán.

La última foto de familia, desfasada desde hace unos meses, con los comisarios que seguirán.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, lleva dos días reuniéndose con sus nuevos comisarios. Quizás explicándoles dónde está la máquina de café y a quién hay que llamar en caso de quedarse atrapados en el ascensor. Tras la designación por los 27 de su elegido, la distribución de las carteras es inminente, según confirmaron hoy varias fuentes. Reserva en todas las quinielas la cartera de Competencia para España y Joaquín Almunia, como supimos esta semana.

Será una Comisión más fuerte porque Barroso se crece en el nuevo mapa institucional, con un primer presidente del Consejo discreto, Herman Van Rompuy, y una Alta Representante, Catherine Ashton, sin experiencia internacional y que ha estado el último año a las órdenes del portugués. Será también una Comisión donde sólo habrá una renovación de la mitad de los comisarios (14 de 27), con una presencia femenina que se queda en un tercio de las sillas de honor de la institución, una más, pero lejos del 50/50 defendido por la vicepresidenta saliente, Margot Wallstrom.

El Berlaymont, sede de la Comisión | (kitty b wonderful)

El Berlaymont, sede de la Comisión | (kitty b wonderful)

Como siempre, los países grandes se llevan buenas carteras, aunque algunos mejores que otras. Salvo cambios de última hora, Alemania se llevará Energía, importante por las reformas a las que obliga el cambio climático y por la dependencia energética de Rusia, con quien Berlín tiene buenas relaciones. Italia seguirá en Transportes, Dinamarca se hará con Cambio Climático o Suecia con Medio Ambiente, mientras que Finlandia podría conseguir Asuntos Económicos, la actual cartera de Almunia.

Hoy, sólo Michel Barnier, el comisario francés, parece no tener cerradas sus competencias, deseoso como está Sarkozy de tener poder en la reglamentación de mercados financieros para luchar contra la supremacía de la City londinense.

Diplomáticos españoles aseguran, no sin cierto desasosiego, que la presidencia Española será ‘más corta’ por el retraso acumulado en el nombramiento de los comisarios, que minará la agilidad de una agenda europea diseñada por Zapatero pero que pocos todavía conocen con exactitud.

Todos los comisarios, incluida la británica Ashton, deben ser ratificados por el Parlamento, tras largas audiencias que en enero podrían tumbar a algún comisario. Sin ir más lejos, a Barroso sus señorías le obligaron a retirar a dos comisarios en 2004, entre ellos el extremista Buttiglione.


Desconocidos hasta en casa

Van Rompuy, el primero, y "Cathy" Ashton, la última. Ambos desconocidos

Van Rompuy, el primero, y "Cathy" Ashton, la última. Ambos desconocidos

Una baronesa que jamás ha sido elegida en las urnas para un cargo público y un primer ministro monárquico y desconocido en el mundo son desde hoy la nueva cara de Europa. A priori, no parecen los mejores candidatos. Lo malo es que nunca los ha habido. El proceso de decisión ha sido cosa de 27 jefes de Gobierno que en ningún momento han planteado un verdadero debate público sobre las cualidades de los aspirantes o sobre las necesidades actuales.

El nuevo director de orquesta, Herman van Rompuy, no marcará nunca el compás. Se reivindica “discreto” y sus padrinos lo califican como un “artífice de consensos”, un eufemismo de manipulable, mediador entre ferreas voluntades. Sólo el carisma dudosamente conveniente de Tony Blair (y su responsabilidad en la guerra de Irak) habrían dado algo de juego.

Catherine Ashton, la sucesora de Solana, parece no saber bailar al ritmo de ningún compás. Su experiencia en política internacional se limita a sus viajes como comisaria de Comercio en un año de mandato al que accedió como recambio al titular de la cartera. No se le recuerdan méritos, pero tampoco deméritos, lo que es quizás más deshonroso.

Ante los periodistas, tres hombres y una mujer. El primer ministro sueco, hasta ahora presidente semestral de la UE (rol que se mantendrá en convivencia con Van Rompuy), el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y los dos premiados. ¿A quién de los cuatro llamará Obama cuando quiera llamar a Europa? Van Rompuy se adelantó a todos y aseguró estar esperando ya esa llamada. No está claro que se vaya a producir, del mismo modo que no parece que los dos nuevos líderes representen mejor a los 500 millones de europeos que ni han tenido nada que ver en la elección ni se percatarán de sus efectos en los próximos años.