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Europa: Qué he estado haciendo en 2014 (y III)

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No ha habido cumbres históricas. De hecho, sospecho que a la Historia no le ha impresionado prácticamente ninguna. Pero en 2014 sí ha habido mucha Unión Europea.  Su influencia en el mundo continúa decreciendo, le sigue faltando alma y Bruselas está un poquito más lejos del ciudadano, a pesar de algunos aciertos en la campaña electoral que renovó en mayo el Parlamento Europeo.

Desde que la suerte me llevó allí 2008, casi cada artículo ha sido un reto. Por la complejidad, por la aparente falta de atractivo, por una materia prima en ocasiones distante y gris. Y, sin embargo, siempre ha sido crucial saber qué se cuece en salas donde se decide parte de nuestro futuro. El Huffington Post ha demostrado su apuesta editorial y que se puede desdramatizar haciendo un poco más sexy a esa cincuentona con más de un achaque. Yo he tenido la suerte de escribir mucho sobre la UE, en ocasiones desde la misma Bruselas. Aquí algunos ejemplos:

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Entrevistas:

Preguntando al presidente del Gobierno en Bruselas:

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La audiencia en la que Arias Cañete se la jugó como comisario dio para el primer debate televisado emitido por El Huffington Post online (entero y por cachitos), que contó con la jefa de los socialistas españoles en la Eurocámara, Iratxe García, y los eurodiputados Pablo Zalba (PP), Pablo Echenique (Podemos) y Ernest Maragall (ERC). Aquí está íntegro:

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Cinco entrevistas para pensar sobre Europa

Parlamento Europeo

Ahora que se acaba la campaña electoral, rescato algunas entrevistas que he publicado en El Huffington Post, donde todo el equipo dedicado a las elecciones ha hecho un esfuerzo considerable para ofrecer una cobertura global, hablar de Europa y promover un debate sobre los últimos años y los que vienen.

Sami Naïr: “La izquierda y la derecha no son lo mismo, pero en Europa se han comportado igual”. El intelectual y académico tiene un nuevo libro sobre Europa. Crítico, lúcido, ideológico y punzante. De mucho más calado que muchos programas electorales.

Elena Valenciano: “No voy a perder un segundo en Cañete, de él sólo he escuchado insultos”. La socialista, que estuvo nueve años en Estrasburgo pero nunca llegó a irse del todo, vuelve a Estrasburgo y Bruselas. Además del estado del PSOE o de Cañete, hablamos del tratado comercial con EEUU o la política exterior de la UE.

Francisco Sosa Wagner (UPyD): “El paro y el envejecimiento de la población son dos bombas en el corazón de la UE“. La formación podría alcanzar 3 diputados y promulga el fin del bipartidismo. Es escritor e intelectual, siempre pegado a su pajarita, y uno de los candidatos mejor formados.

Josep Maria Terricabras: “Estar en la UE no es imprescindible; si España se pone terca, ¡adiós muy buenas!”. ERC es la primera fuerza en Cataluña, según algunas encuestas. Como Escocia, la hoy comunidad autónoma supone un reto inédito para una UE que no prevé en sus muy pensado tratado la autodeterminación. Será uno de los temas europeos de la legislatura.

Arturo San Agustín: “Nadie sabe lo que puede pasar el día después de la independencia”. No hablamos de las elecciones europeas, pero sí mucho de la independencia de Cataluña, que centra el último libro de este periodista y conversador, una colección de entrevistas a gente que importa en muchísimos campos de la política, sociedad y economía catalana.

Aquí puedes encontrar toda la cobertura de El HuffPost, y aquí el resto de mis artículos.

Foto: Sede de la Eurocámara en Estrasburgo. (Parlamento Europeo / Flickr)


Jóvenes, Europa no puede arreglarlo todo

Barnier

-¿Qué motivo tiene un joven español para creer en Europa? ¿Qué le dice a los que no encuentran trabajo?

Lo primero que les diría es que no se puede pedir a Europa que lo arregle todo. No somos una nación europea, no hay un pueblo europeo. Hay pueblos nacionales con identidades y reglas. La aspiración [de la UE] de paz y democracia ha sido llevada a cabo. Muy cerca de nosotros, donde no hay UE, como en los Balcanes, a menudo hay guerras y muy poco habitualmente democracia. Les digo a los jóvenes: utilizad este espacio que es la UE para estudiar, visitad distintos países, vivid experiencias, cread una empresa, aprovechad el mercado de 500 millones de consumidores. Les pido a los jóvenes que vean el resto del mundo: es frágil, inseguro, inestable. ¿Cómo podemos defender nuestros valores en el mundo si nos replegamos en nuestras fronteras? Si no estamos juntos, dejaremos de existir.

Entrevista a Michel Barnier, aspirante a presidir la Comisión Europea. Más, aquí


Cuatro reflexiones sobre la prima de riesgo

(Entrada publicada simultaneamente en Escolar.net)

1.- La reforma del sistema financiero está a medias. Decir que los mercados financieros no funcionan correctamente puede parecer una obviedad, pero nunca su efecto fue más devastador. No supieron prevenir la crisis financiera que estalló con la caída de Lehman Brothers y en su secuela, la crisis de deuda soberana, ponen en el punto de mira a países cuya gestión actual de la crisis en modo alguno explica dudas tan acentuadas. Pasaron de no inmutarse por nada a la histeria. Ambos extremos acaban siendo subsanados gracias a enormes sumas de dinero público.

O se acepta que la especulación totalmente libre (ya sea con hipotecas basura o con deuda pública) es el mejor de los sistemas, o se cambian las reglas de juego y se limita la licencia para matar. Un paso intermedio en los países que se manejan en euros cambien su manera de relacionarse con los especuladores a través de la imposición de límites a los excesos y la integración económica para compartir riesgos y evitar flancos débiles.

2.- En Europa está parte del problema y de la solución. Durante más de 10 años, los países del euro se han comportado como los armadores del Titanic. Maravillados por la genialidad del concepto, se olvidaron de que en el océano también hay icebergs. Ignorar los beneficios de toda una década es tan simplista como ignorar sus deficiencias, que sólo ahora se empiezan a corregir. Hace tan solo unos días, los líderes del euro pactaron el segundo rescate de Grecia y flexibilizaron el fondo de apoyo al euro para intervenir en los mercados de deuda, pero al plan le faltan semanas para estar plenamente operativo.

En sí, es un hito en la contrucción de una Unión Europea económicamente federal que está obligada a conjugar sentimientos nacionales a veces contrapuestos. Como ningún país se plantea abiertamente abandonar la moneda única, no hay opción a compartir compañeros de viaje. Aunque a veces la travesía parezca un infierno.

3.- La prima de riesgo no entiende de color político. Un repaso a la situación europea basta para darse cuenta de que la crisis de la deuda soberana merece cierta altura de miras. Que en Italia Gobierne la derecha con políticas de derechas y años por delante hasta las próximas elecciones no ha evitado una situación de alta tensión. El cambio en Portugal, desencadenante de su rescate, no ha evitado ni más recortes sociales ni rumores sobre un segundo programa de ayuda. Es ingenuo creer que la convocatoria de elecciones o un cambio en el inquilino de la Moncloa es suficiente para restablecer la confianza.

La campaña electoral puede ser la más crucial de la democracia. De momento se debaten asuntos como si Alfredo Pérez Rubalcaba es el líder del PSOE o si Mariano Rajoy es un político de centro, pero de la capacidad del próximo Gobierno para dar carpetazo a la crisis dependerá el bienestar a medio plazo de sus gobernados. Nunca fue tan necesario un debate sobre ideas y propuestas concretas.

4.- Es el crecimiento, estúpido. Un argumento recurrente de las agencias de calificación es la debilidad del crecimiento de los países más acorralados por la especulación. Paradójicamente, lo dicen al mismo tiempo que exigen recortes del déficit para demostrar que se pagarán las deudas. En realidad, el control del déficit es imprescindible, pero siempre que se subordine a la expansión de la economía, de la que depende la creación de empleo, la recaudación de impuestos y el pago de las deudas.

La Unión Europea lleva un par de años obsesionada sólo con el control del gasto público. Para economías que funcionaban antes de la crisis puede ser suficiente. En el caso de la española, hace ya tiempo que se superó el punto de no retorno, llamado también estallido de la burbuja inmobiliaria. Como el ladrillo no va a volver, porque todavía no se ha ido, podríamos dedicar este mes de agosto a pensar qué podemos hacer mejor que nadie y centrarnos en la tarea. Y no me refiero a descansar en nuestro lugar favorito.

 


Es más que un cálculo electoral

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Fue Ignacio Fernández Toxo, el secretario general de CCOO, el que dijo que esta huelga es una “gran putada”. Es el diagnóstico político al que muchas personas han llegado estos días. Por un lado, porque el Partido Popular, renombrado “partido de los trabajadores”, no apoya la huelga, pero recogerá sus frutos si es exitosa. Si gana las próximas elecciones, seguramente será el origen de paros todavía más justificados. Por otra, porque los sindicatos tienen la credibilidad en números rojos, en buena medida por méritos propios, un orgulloso inmobilismo y un discurso que apenas ha evolucionado en décadas. Defender el statu quo de un mercado laboral que es como un chicle (porque estira con cada crisis el número de parados hasta doblar la media europea) tampoco parece lo más inteligente.

Yo he hecho huelga este martes, como muchos de mis compañeros de la prensa escrita. Aunque también he pensado en todo lo anterior, creo que son los partidos políticos los que tienen que despertar ilusión (tanto si están en el Gobierno como en la oposición) y no los ciudadanos los  campaña electoral. No nos corresponde entretenernos con factores secundarios, sino plantearnos si hay motivos.

Y motivos hay de sobra. El primero, que la especulación financiera, esos señores llamados ‘mercado’, han provocado una crisis económica histórica que además ha golpeado al funcionamiento político de las sociedades democráticas. Gobiernos de todos los colores se han resignado a explicarle al ciudadano que aquello de que deciden ellos cada cuatro años es mentira. Al menos en la economía, quien decide el rumbo de un país es el diferencial con la deuda alemana, un análisis de un experto muy reputado (pero desconocido) publicado en el Financial Times, o hasta un dedo muy gordo que marca tantos ceros que provoca una gran venta de acciones y el pánico en Wall Street.

Pero lo cierto es que sí votamos cada cuatro años y los que dirigen el mundo tienen la obligación de ser consecuentes. Y si no, corren el riesgo de que la calle les amargue parte de la plácida legislatura. Poner en marcha planes de ajuste y reformas estructurales (laboral, de pensiones) no es un ejercicio unívoco. Aunque haya reformas que puedan ser más o menos urgentes, ni la Unión Europea ni las agencias de calificación de riesgos tienen credencial alguna en la aplicación de recetas mágicas.

Los sindicatos pueden ser un mal menor, una herramienta necesaria (pero cada vez menos suficiente) para acompañar a una protesta que devuelve a los ciudadanos el derecho a tomar parte en su futuro. Por eso, el “así, no” cobra todo su sentido. Es un lema al que nadie, vote a quien vote, puede darle la vuelta.


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