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Trataditis

En la imagen, Merkozy. ¿Qué pasaría si abriésemos el objetivo? (foto: N. Konstantin)

Europa se está contagiando de trataditis. Sus síntomas surgen en Bruselas en cualquier conversación sobre la cumbre de la Unión Europea de este jueves y viernes. ¿Es necesario reformar los tratados? ¿Será suficiente con reformar el Protocolo 12 o habrá que ir hacia una reforma profunda del Protocolo 14 y el artículo 136? ¿Y si la eurozona se dotase de un tratado propio, quién sería su árbitro? Los titulares se multiplican tanto en la prensa especializada como en la generalista y de repente todo el mundo tiene una opinión sobre “los tratados”.

La enfermedad se convierte en letal cuando se olvida que el cambio en los tratados no es ni un fin en sí mismo ni la solución a corto plazo para la crisis. Antes de que se abriese el melón de la arquitectura institucional, los tres elementos clave de la crisis estaban ya sobre la mesa. La especulación y sus dos antídotos: la responsabilidad y la solidaridad. La especulación sigue campando a sus anchas, ya que las sucesivas reformas de la legislación financiera no han cambiado los fundamentos del sistema. El mejor ejemplo son las agencias de calificación, indiferentes a las tres reformas legales que se han puesto en marcha desde 2008. La responsabilidad es para Alemania un sinónimo de drástica austeridad y debe imponerse a los demás socios para saciar la sed de los especuladores. La solidaridad, ya sea a través de métodos de intervención temporales (el BCE y los fondos de rescate) o escudos duraderos (eurobonos), es el último elemento de la lista para los líderes del euro, aunque debería ser el primero.

Solidaridad. A corto plazo, sólo hay una institución capaz de conseguir que la zona euro se libere de las dudas de los especuladores, atenuadas estos días por la perspectiva de un acuerdo. No es nueva, no tiene por qué ser reformada en un tratado para poder actuar y  siempre ha estado ahí. Se trata del Banco Central Europeo. El BCE, que sólo es independiente sobre el papel, está tan influenciado por Alemania como las cumbres de líderes de la UE. Sus objetivos no difieren demasiado, ya que Alemania es siempre el jugador con más fichas en la casa de apuestas. Berlín, como primera potencia del euro, exige austeridad a cambio de relajar su oposición a los ayudar a sus socios y reforzar el fondo de rescate. El actual no tiene fondos y el futuro es sólo una promesa. Ambos serán objeto de discusión durante la cumbre. El BCE exige austeridad (y para prueba las cartas de este verano a Berlusconi y Zapatero) a cambio de comprar deuda masivamente.

Responsabilidad. Bien entendida, comienza por uno mismo. El endeudamiento excesivo no es de izquierdas ni de derechas, sino una amenaza mientras dependa de la buena disposición de los inversores. Al fin y al cabo, la única razón de ser de los especuladores no es financiar patrióticamente a países sino simplemente ganar dinero. Sin embargo, el endeudamiento (público, como el griego o el italiano, o privado como el español) está ahí y tardará en reducirse. Bien entendida, la responsabilidad no sólo consiste en no tener deudas enormes, sino en evitar que te acaben tumbando cuando ya las tienes. En ese sentido, la deriva alemana está poniendo en riesgo el crecimiento necesario para devolver lo que se debe o propuestas como los eurobonos, un escudo contra la especulación tan efectivo como poco probable a corto plazo.

Llegados a este punto… ¿dónde encajan los tratados? Aunque las discusiones sean muy apasionadas en Bruselas, su razón de ser es más mundana: intereses nacionales y electorales. “Los tratados se utilizan para un fin, no son la sustancia, no son lo más importante”, recuerda un alto diplomático comunitario. “Pero para Alemania, exigir un gran cambio en el tratado es muy sexy, es un dogma político. Imagínate a la canciller entrando en el Bundestag asegurando que ha conseguido cambiar el protocolo 12. Todo el mundo se reiría”, señala. No ocurriría lo mismo con un cambio de tratado, que los votantes recordarían a la hora de votar en las elecciones generales de 2013. Merkel, la canciller que hizo a Europa alemana. “Francia, por otro lado, es perversa. Sarkozy quiere refundar Europa antes de sus elecciones presidenciales y exige un tratado nuevo y sólo para los 17 países del euro. ¿Pero cómo se articularían los sistemas de votación que proponen Merkel y Sarkozy? ¿Cómo se implicaría al Tribunal de Justicia europeo? Los dos elementos caerían por su propio peso”, añadió.

La fórmula legal que finalmente se adopte es en realidad un traje a medida de la Europa que viene. Los servicios jurídicos de las instituciones son expertos en su confección. En la Europa que viene, un país o sus bancos podrían ser apoyados o no por sus socios de la unión monetaria, un barco con muchos camarotes ante un mismo iceberg. En la Europa que viene, los derechos de los ciudadanos o el modelo de bienestar europeo podrían sufrir o no un gran ataque. Eso es lo que realmente está en juego.


El día en que Merkel dejó de ser socialista

Merkel y Sarkozy, con Van Rompuy y Junker.

Radoslaw Sikosrski, el ministro polaco de Exteriores, pronunció la semana pasada un discurso en Berlín en el que aseguró que teme más la inacción de Alemania para poner fin a la crisis que sus decisiones equivocadas. El discurso fue muy celebrado por la prensa internacional, que reconoció el valor de Polonia, país clave de la Europa del este y presidencia de turno de la Unión Europea, para decir alto y claro lo que muchos piensan dentro de la eurozona.

Sin embargo, ayer las acciones pesaron más que las omisiones en la lista de pecados de Angela Merkel. La cumbre de Francia y Alemania deparó tres rectificaciones clave. La primera y más clara es la renuncia a que el sector privado contribuya en futuros rescates de la zona del euro renunciando a parte del retorno de sus inversiones. La idea fue una bandera de la canciller y le granjeó aliados insospechados: una buena parte de la izquierda europea. La intención era tan simple que caló hondo entre los ciudadanos: los bancos invirtieron en deuda griega a pesar de que el país se estaba endeudando peligrosamente, por lo que si Grecia quiebra, las entidades deben que asumir parte de las deudas. Merkel no se había vuelto socialista, sino populista, entre otras cosas porque los bancos alemanes (que reciben mucho más dinero público que el resto) estaban pringados hasta la médula en Atenas.

Ayer se revirtió esa idea, utilizada ya con Grecia y nacida de otro célebre encuentro de Merkel y Sarkozy, que quedará para siempre inmortalizado en las playas de la localidad francesa de Deauville. De nada sirven las rebajas, porque salvo una revisión a fondo del funcionamiento de los mercados financieros o una drástica reducción de la deuda pública, los especuladores siguen teniendo la sartén por el mango. La exigencia ayer olvidada de Merkel provocó una gran tormenta financiera porque los mercados interpretaron que el euro ya no pagaba sus deudas. Según ese razonamiento, Grecia es un precedente para otros países. La cumbre de Deauville marcó el inicio del contagio.

Merkel rectificó ayer también en cuanto al fondo de rescate. Sobre la mesa está de nuevo la propuesta de Sarkozy de dotar al nuevo mecanismo (que sucederá al actual el año que viene) de licencia bancaria para que pueda acudir como cualquier otra entidad al BCE y recibir el apoyo de un gigante que de momento sólo sostiene sin complejos al sector privado. La tercera rectificación es de Sarkozy, que aceptó las sanciones automáticas del Pacto de Estabilidad que en Deauville había conseguido neutralizar.

La refundación de Europa se basa en una enmienda a las propuestas de octubre de 2010 que sigue dejando para otro momento el gran reto: recuperar el crecimiento y el empleo. La austeridad, por sí misma, es una constante que todavía no ha convencido a casi nadie fuera de las salas de reuniones del nuevo directorio europeo. El comisario europeo de Empleo, László Andor, advierte este martes en su cuenta en Twitter de que endurecer las sanciones hasta hacerlas automáticas las convierte en “una broma”, porque “la unión económica necesita de un proceso de decisiones colectivo y democrático, que pueda responder a los retos”. Andor alerta de que la unión económica “por sí sola no salvará a la moneda única” ya que “la unión de deuda es necesaria” a través de eurobonos y un papel más activo del BCE. En este largo y costoso proceso de ensayo-error, la refundación de ideas que ayer exhibió el eje francoalemán podría no ser la última.


C’en est assez!

Hace dos semanas, la vicepresidenta y comisaria de Justicia, Viviane Reding, se dirigió deliberadamente en inglés a Nicolas Sarkozy. En un discurso visto por muchos como un hito en la independencia de la Comisión Europea ante las constantes presiones de las capitales, Reding se plantó y anunció dos expedientes contra el Gobierno francés. El primero, por discriminar a los gitanos y perseguirlos preferentemente para expulsarlos del territorio republicano. Sólo por ser gitanos. El segundo, por no haber adaptado la ley francesa a la directiva europea de 2004, algo que todo Estado está obligado a hacer. Esa ley europea garantiza la protección contra expulsiones masivas y el derecho a un procedimiento judicial digno.

Reding respondió en inglés hasta a un periodista francés que le preguntó en su lengua materna, un idioma que comparte con Reding, luxemburguesa y políglota. En la Bruselas multilingüe y bien educada no responder en la misma lengua pudiendo hacerlo es algo poco común. El equipo de la comisaria reconoció más tarde que estaba nerviosa y cabreada por las mentiras de Sarkozy, que había enviado a dos ministros a Bruselas a hacer el paripé mientras ocultaban, a la Comisión y a la opinión pública, una circular que priorizaba el desmantelamiento de campamentos de gitanos.

Ayer, su “enough is enough”, golpe en la mesa incluído, se convirtió en un “c’en est assez”. Ambas expresiones vienen a significar lo mismo (“basta ya”), pero dependiendo de quién las diga en la Unión Europea tienen distinto valor. Sarkozy consiguió poner a los jefes de Gobierno en contra de Reding, sugiriendo que se dejó llevar por la histeria para insultar a Francia. Y a los franceses, por supuesto, a los que él representa mejor que hace unos meses gracias a su parcialmente recuperada popularidad en las encuestas. Agarrándose a ese clavo ardiendo, el presidente francés consiguió hacer olvidar a los que mandan la anatomía de una lucha contra el crimen que, según él, se lleva a cabo en Francia por el bien de los gitanos.

La ¿decisión? de ayer de la Comisión le da la razón. Para salvar a su comisaria estrella y, de paso, su propia imagen, el Ejecutivo comunitario se presenta ahora exquisita en la práxis, asegura que no tiene pruebas concluyentes e invita a Francia a que haga un gesto definitivo para que todos puedan olvidar el mal trago del verano. El procedimiento por discriminación fue descartado, argumentando que Francia pidió perdón y retiró su circular, a pesar de que estuvo en vigor durante un mes. El que trataba la transposición de la directiva se convierte en una amenaza, fácilmente esquivable si Francia hace lo que debería haber hecho hace años: transponer la directiva que trata el asunto.

La Comisión reconoce que explicaciones “al más alto nivel” la llevaron a retirar amablemente el freno del acelerador. Tras sentenciar “c’en est assez” a una Comisión no habituada a la independencia, Sarkozy asegura, en palabras de su ministro de Inmigración, tener “la cabeza bien alta”.

Mi crónica de hoy en Público |Entradas en el blog sobre el tema.


Reding sigue en pie

Viviane Reding sigue en pie y está dispuesta a no retroceder ni un paso | EC

La única comisaria que comienza a ser conocida sólo por el apellido (con permiso de Almunia) no se apea. Es más, parece que quiere pisar el acelerador. A la pregunta sobre las críticas del la cumbre se hace la luxemburguesa: “¿Qué críticas?”. A la pregunta de si está tocada y estigmatizada para seguir ejerciendo su cargo, ya que sus iniciativas dependen siempre del beneplácito de los Gobiernos que ahora la critican, responde que se siente “reforzada”.

Ya he escrito sobre las dudas que me suscita la pasión de la comisaria. Con Reding, uno no sabe nunca muy bien a qué atenerse, pero hay que reconcerle que le va la marcha y que es la única que está hablando de la situación de fondo de miles de gitanos en vez de lavarse las manos con expulsiones. Al fin y al cabo, quiere abrirle un juicio a Francia y el Tribunal de Justicia (con sede en Luxemburgo) no se deja impresionar por florituras.

Reding no rehuye la confrontación, sino que la utiliza en su favor. Ayer volvió a demostrarlo al convertir sus excusas de la semana pasada por mentar la Segunda Guerra Mundial en un reproche a Nicolas Sarkozy. “Si me atacan por la famosa comparación, será que no tienen muchos argumentos en el resto”, debe de estar pensando la comisaria. No está claro quién va a ganar en la discusión de fondo, que comprende las consecuencias de una circular que ponía explícitamente en la diana a los gitanos, que incluye las expulsiones masivas, la vulneración de procedimientos judiciales… Pero en cuanto a la comparación, que tanto indignó a Sarkozy, Zapatero y los demás líderes, Reding tiene toda la razón.

Fue Albert Lebrun, el presidente de la tercera República francesa antes de la capitulación de Francia ante el nazismo, el que dictó en 1940 medidas para proteger a los franceses de bien contra los gitanos. Por otra parte, a nadie se le escapan las atrocidades de la propia Guerra Mundial. Tampoco a Reding, que no tuvo un calentón, como había dicho Barroso para restarle importancia, sino que ayer acabó reafirmándose.

“La Unión Europea está basada en valores”, recordó. “Hemos construído Europa en base a esos valores para que algunas cosas no ocurriesen de nuevo”, recordó. En definitiva, el presidente que tanto reivindica la Francia republicana y europeísta olvida que un presidente democrático como él es todo un precursor, o que miedos muy parecidos llevaron a líderes con destacado papel en la peor de las guerras del siglo XX a tomar medidas de especial dramatismo. Por si fuera poco, la actual estrategia podría estar poniendo en tela de juicio algunos de los sacrosantos valores que inspiraron el surgimiento de una red de instituciones internacionales de las cuales la UE es una de las más existosas.

Reding no sólo aguanta el tipo, sino que además se rearma. Veremos si la Comisión, donde no sólo decide ella, reabre finalmente el procedimiento la semana que viene. En todo caso, eso es otra historia. La de los argumentos y la de la alerta contra los abusos de poder de presidentes crecidos parece haberla ganado ya.


Europa necesita a su Belén Esteban

Belén, princesa del pueblo

A Bruselas le falta glamour, es algo sabido. Su cielo blanquecino engaña a menudo sobre los encantos de la ciudad, pero es un reflejo fiel de la clase política europea, tan sui generis. Los responsables de las instituciones europeas no han conseguido cruzar el umbral de la popularidad mínima o levantar grandes pasiones sino echando mano de refriegas políticas nacionales. A falta de alguien realmente glamouroso, en Bruselas nos tendremos que conformar con Reding. O con Vassiliou, o Kroes, o… Ashton!

Antes de que se nos resetee el cerebro, y para celebrar una semana “animada”, como describiría una fuente belga a la bronca entre Barroso y Sarkozy, qué mejor que nuestra princesa patria para sonreir un poco y soñar con que se disipe la nube.

Belén Esteban propone revisar la política fiscal europea

El plató del magazine televisivo “Sálvame” albergó ayer una conferencia improvisada sobre política monetaria europea después de que Belén Esteban, una de las más célebres colaboradoras del programa, introdujera el tema de la política fiscal en el marco de la Unión Europea al considerar que el asunto está siendo desatendido en los medios de comunicación generalistas.

“La tendencia actual es la de hacer gravitar los ajustes fiscales sobre el lado del gasto. La venta de activos del sector público tiene un límite evidente, sin olvidar que una contabilización correcta de tales operaciones impide su empleo a la hora de enjugar el déficit”, apuntó Esteban. Su defensa de una política económica de raíz keynesiana, basada en la confianza en el comportamiento autorregulador del sector privado, generó encendidas críticas por parte de sus contertulios, muchos de los cuales no dudaron en señalar que “decir eso es de hipócritas porque tú siempre has mirado por lo tuyo”.

Sigue leyendo en El Mundo Today, por Xavi Puig


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