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C’en est assez!

Hace dos semanas, la vicepresidenta y comisaria de Justicia, Viviane Reding, se dirigió deliberadamente en inglés a Nicolas Sarkozy. En un discurso visto por muchos como un hito en la independencia de la Comisión Europea ante las constantes presiones de las capitales, Reding se plantó y anunció dos expedientes contra el Gobierno francés. El primero, por discriminar a los gitanos y perseguirlos preferentemente para expulsarlos del territorio republicano. Sólo por ser gitanos. El segundo, por no haber adaptado la ley francesa a la directiva europea de 2004, algo que todo Estado está obligado a hacer. Esa ley europea garantiza la protección contra expulsiones masivas y el derecho a un procedimiento judicial digno.

Reding respondió en inglés hasta a un periodista francés que le preguntó en su lengua materna, un idioma que comparte con Reding, luxemburguesa y políglota. En la Bruselas multilingüe y bien educada no responder en la misma lengua pudiendo hacerlo es algo poco común. El equipo de la comisaria reconoció más tarde que estaba nerviosa y cabreada por las mentiras de Sarkozy, que había enviado a dos ministros a Bruselas a hacer el paripé mientras ocultaban, a la Comisión y a la opinión pública, una circular que priorizaba el desmantelamiento de campamentos de gitanos.

Ayer, su “enough is enough”, golpe en la mesa incluído, se convirtió en un “c’en est assez”. Ambas expresiones vienen a significar lo mismo (“basta ya”), pero dependiendo de quién las diga en la Unión Europea tienen distinto valor. Sarkozy consiguió poner a los jefes de Gobierno en contra de Reding, sugiriendo que se dejó llevar por la histeria para insultar a Francia. Y a los franceses, por supuesto, a los que él representa mejor que hace unos meses gracias a su parcialmente recuperada popularidad en las encuestas. Agarrándose a ese clavo ardiendo, el presidente francés consiguió hacer olvidar a los que mandan la anatomía de una lucha contra el crimen que, según él, se lleva a cabo en Francia por el bien de los gitanos.

La ¿decisión? de ayer de la Comisión le da la razón. Para salvar a su comisaria estrella y, de paso, su propia imagen, el Ejecutivo comunitario se presenta ahora exquisita en la práxis, asegura que no tiene pruebas concluyentes e invita a Francia a que haga un gesto definitivo para que todos puedan olvidar el mal trago del verano. El procedimiento por discriminación fue descartado, argumentando que Francia pidió perdón y retiró su circular, a pesar de que estuvo en vigor durante un mes. El que trataba la transposición de la directiva se convierte en una amenaza, fácilmente esquivable si Francia hace lo que debería haber hecho hace años: transponer la directiva que trata el asunto.

La Comisión reconoce que explicaciones “al más alto nivel” la llevaron a retirar amablemente el freno del acelerador. Tras sentenciar “c’en est assez” a una Comisión no habituada a la independencia, Sarkozy asegura, en palabras de su ministro de Inmigración, tener “la cabeza bien alta”.

Mi crónica de hoy en Público |Entradas en el blog sobre el tema.


French fries with mayonnaise

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Bélgica lleva 101 días sin Gobierno. Holanda, 104. El Benelux se eterniza a la deriva, salvo en el caso de Luxemburgo, único socio con Gobierno constituído. Claro que, para muchos conservadores, en especial franceses, el país no debería existir para no engendrar comisarias como Vivian Reding.

Cuando se cumplieron tres meses del desgobierno belga, analicé en Público la nueva estrategia de los valones (francófonos, sureños y menos desarrollados económicamente). Tras la ruptura de las negociaciones formales optaron por presentarse como más flamencos que los propios flamencos. Mentaron la escisión por puro hartazgo para que los nacionalistas del norte del país asumieran la impopularidad asociada a la idea. Pero no les salió bien. Como muestra el vídeo al principio del post, cualquier estrategia en Bélgica tiene que ser imposible para que tenga éxito.

Como no tener Gobierno no es ninguna tragedia en países fuertemente fragmentados en cuanto a opciones políticas, los belgas se dejan llevar por la inercia. Incluso presiden la UE. Como dice el eurodiputado euroescéptico Nigel Farage, “no pueden ni formar Gobierno en su propio país, pero aún así son presidentes de la UE”, recordó a Herman Van Rompuy, el también belga presidente del Consejo, que comparte cargo con la presidencia rotatoria. En realidad, es una suerte para la agenda europea que Bélgica no forme Gobierno. El Ejecutivo que la preparó es la que la está desarrollando y sus ministros se encuentran, en cuanto a los asuntos de su país, atados de pies y manos al estar “en funciones”.

Sin embargo, hay más consecuencias. Lo analizan en sus recomendables blogs mis colegas Bernardo de Miguel y Eliseo Oliveras.

Ambas naciones [Bélgica y Holanda] son piezas claves en la candente renegociación de la presencia europea en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Y el visto bueno de Holanda, además, resulta imprescindible para que Bruselas pueda aceptar el próximo mes de octubre la candidatura de Serbia al ingreso en la UE, un beneplácito bloqueado por el anterior parlamento holandés. […] Bélgica, con una galopante deuda pública de de más de 300.000 millones de euros (equivalente al 96,7% de su Producto Interior Bruto), se presenta como el eslabón más débil. La semana pasada, el influyente Financial Times ya intentaba colocar al país de Brel en el punto de mira de los inversores. Para el FT, el diferencial de 80 puntos básicos entre la rentabilidad del bono belga y el alemán no refleja de manera adecuada la tensión política del plat pays.

Sigue leyendo en La UE, del revés, por Bernardo de Miguel

Una profunda desconfianza política se ha instalado entre los partidos flamencos y francófonos sobre la voluntad real de unos y otros de llegar a un acuerdo. Da la impresión que las negociaciones se reanudan una y otra vez infructuosamente sólo por que ningún partido quiere ser señalado como el culpable de la ruptura definitiva de las mismas. […] El principal escollo de la negociación es la reforma de la ley de financiación de las regiones, que Flandes quiere cambiar para poder recortar las transferencias de fondos que realiza hacia la endémicamente deficitaria comunidad francófona de Bruselas y Valonia a través del presupuesto del Estado. Flandes considera que debe acabarse con el actual “federalismo del consumo”, que mantiene a Valonia y Bruselas con unas tasas de paro elevadísimas y un confortable nivel de protección social costeado por la laboriosidad de los flamencos. Los partidos francófonos no pueden aceptar un cambio significativo de la ley de financiación, porque les obligaría a recortar los gastos en educación, sanidad pública, protección social y desempleo. Los dirigentes francófonos consideran que la reforma de la ley será “abrir la caja de Pandora” y acusan al norte de querer recortar la solidaridad interna norte-sur del país.

Sigue leyendo en Crónica Europea, por Eliseo Oliveras


Reding sigue en pie

Viviane Reding sigue en pie y está dispuesta a no retroceder ni un paso | EC

La única comisaria que comienza a ser conocida sólo por el apellido (con permiso de Almunia) no se apea. Es más, parece que quiere pisar el acelerador. A la pregunta sobre las críticas del la cumbre se hace la luxemburguesa: “¿Qué críticas?”. A la pregunta de si está tocada y estigmatizada para seguir ejerciendo su cargo, ya que sus iniciativas dependen siempre del beneplácito de los Gobiernos que ahora la critican, responde que se siente “reforzada”.

Ya he escrito sobre las dudas que me suscita la pasión de la comisaria. Con Reding, uno no sabe nunca muy bien a qué atenerse, pero hay que reconcerle que le va la marcha y que es la única que está hablando de la situación de fondo de miles de gitanos en vez de lavarse las manos con expulsiones. Al fin y al cabo, quiere abrirle un juicio a Francia y el Tribunal de Justicia (con sede en Luxemburgo) no se deja impresionar por florituras.

Reding no rehuye la confrontación, sino que la utiliza en su favor. Ayer volvió a demostrarlo al convertir sus excusas de la semana pasada por mentar la Segunda Guerra Mundial en un reproche a Nicolas Sarkozy. “Si me atacan por la famosa comparación, será que no tienen muchos argumentos en el resto”, debe de estar pensando la comisaria. No está claro quién va a ganar en la discusión de fondo, que comprende las consecuencias de una circular que ponía explícitamente en la diana a los gitanos, que incluye las expulsiones masivas, la vulneración de procedimientos judiciales… Pero en cuanto a la comparación, que tanto indignó a Sarkozy, Zapatero y los demás líderes, Reding tiene toda la razón.

Fue Albert Lebrun, el presidente de la tercera República francesa antes de la capitulación de Francia ante el nazismo, el que dictó en 1940 medidas para proteger a los franceses de bien contra los gitanos. Por otra parte, a nadie se le escapan las atrocidades de la propia Guerra Mundial. Tampoco a Reding, que no tuvo un calentón, como había dicho Barroso para restarle importancia, sino que ayer acabó reafirmándose.

“La Unión Europea está basada en valores”, recordó. “Hemos construído Europa en base a esos valores para que algunas cosas no ocurriesen de nuevo”, recordó. En definitiva, el presidente que tanto reivindica la Francia republicana y europeísta olvida que un presidente democrático como él es todo un precursor, o que miedos muy parecidos llevaron a líderes con destacado papel en la peor de las guerras del siglo XX a tomar medidas de especial dramatismo. Por si fuera poco, la actual estrategia podría estar poniendo en tela de juicio algunos de los sacrosantos valores que inspiraron el surgimiento de una red de instituciones internacionales de las cuales la UE es una de las más existosas.

Reding no sólo aguanta el tipo, sino que además se rearma. Veremos si la Comisión, donde no sólo decide ella, reabre finalmente el procedimiento la semana que viene. En todo caso, eso es otra historia. La de los argumentos y la de la alerta contra los abusos de poder de presidentes crecidos parece haberla ganado ya.


Contra Sarkozy… ¡nada por escrito!

Sarkozy levanta el dedo ante Zapatero y Moratinos. Tras ellos, el intérprete y... Merkel! Foto: Consejo

Ni se atrevieron a ponerlo negro sobre blanco. Por motivos de agenda, nos contaron. El presidente del Parlamento Europeo, una institución que había pedido la “suspensión inmediata de las expulsiones” de gitanos en Francia, reconoció que “no habría sido educado” y que sólo podía tratar “tres o cuatro asuntos”. Lo primero es lo primero. Los jefes de Gobierno de la Unión Europea se pasaron varias horas discutiendo generalidades sobre el papel de China o India en el mundo mientras en los pasillos hervían las conversaciones sobre la nueva estrategia contra el crimen de Sarkozy. Venían aderezadas por las animaladas verbales del presidente de la República y sus ministros y la decisión de la Comisión de plantarles cara, primero por creer que aplican políticas racistas, y después por mentir sobre ellas ocultándolas.

Sarkozy consiguió focalizar al máximo el debate en una frase del discurso de Viviane Reding, la comisaria de Justicia.

I personally have been appalled by a situation which gave the impression that people are being removed from a Member State of the European Union just because they belong to a certain ethnic minority. This is a situation I had thought Europe would not have to witness again after the Second World War.

Obviando el resto, aseguró impávido que “si alguien ha guardado la calma”, ha sido él. Una pena que no entendamos su sentido del humor cuando invita a Reding a acoger en Luxemburgo, su país de origen, a los miles de gitanos que él vaya expulsando. Porque ya ha anunciado que no va a parar. El caso es que Reding tenía razón. Durante más de un mes, una circular puso en la diana a los gitanos. Las instrucciones, firmadas por un alto cargo de Interior que ahora es “un funcionario en agosto”, según Sarkozy fueron ocultadas a Bruselas en una reunión. “No te preocupes, todo va bien, Viviane”, le habrían dicho los dos ministros que fueron de turismo a Bruselas. Como dice textualmente Mariano Rajoy, “no podía ser de otra manera”.

Herman Van Rompuy, presidente del Consejo, sintetizó el consenso en cinco puntos (ver teletipo). Primero: los Estados pueden controlar el crimen. Segundo: La Comisión vigila que se cumplan las normas europeas. Tercero: hemos leído que a Barroso no le gustó lo de los nazis. Cuarto: hay que respetarse unos a otros.  Quinto: hablaremos de la integración de los gitanos, como lo hemos hecho antes. En el fondo, como comentaba un compañero, este hito en la diplomacia europea son conceptos que tienen medio siglo de historia y se copian y pegan de tratado en tratado para ahorrar tiempo.

Hay quien dice que el resultado de la cumbre es una “vergüenza” de la UE. Esta vez no. A menudo los 27 son la UE, pero ayer se vio, claramente, que son sólo los Gobiernos, en su mayoría de centro derecha, los que se sensibilizan con un Sarkozy que hace eso a lo que los demás no se atreven, con permiso de Berlusconi, precursor cerebro intelectual de la operación. El Parlamento Europeo, sin competencias en el asunto, aisló al Partido Popular Europeo para censurar a Sarkozy. Y la Comisión Europea, más allá de todo el teatro de Reding, también.

Siendo diplomáticos, podríamos decir que Zapatero optó por el pragmatismo. Yendo un poco más allá, Zapatero hace lo que le dicen. Zapatero reconoció en la rueda de prensa temer un efecto llamada y pasar a estar entre los destinos turísticos del nomadismo. Se apoyó en que el presidente de Rumanía no puso el grito en el cielo (y es quien más debería), se dejó convencer por los argumentos y vehemencia de Sarkozy y quizás temió los riesgos de que, en vez de contra Bruselas, Sarkozy dirija sus iras contra España en un momento en el que el Gobierno no está como para perder ningún apoyo más. Porque si a Sarkozy le funciona en las encuestas, es probable que a Rajoy también.  Heroísmos, los justos.

Mi crónica en Público (ver portada en pdf)


Motivos para apretar el botón rojo

Reding es la comisaria con más antigüedad en Bruselas y también la más mediática | socialeurope

Alguien tenía que hacerlo, y Viviane Reding apretó el botón rojo. El Parlamento Europeo había sacado adelante una resolución que expresaba “preocupación”, pero para eso están sus señorías, pensamos muchos: para lanzar mensajes políticos que acaban en los periódicos como “La Eurocámara exige”, aunque no haya ninguna repercusión posterior.

Reding, la más vieja de las comisarias quizás por golpes de efecto como el de esta semana (y algún otro), rompió el romo protocolo de la Comisión Europea. Algunos periodistas han llegado a decir que el martes fue el día más feliz como informadores en Bruselas. Sin embargo, a mí me quedan algunas dudas.

¿Por qué lo hizo? a) Por los gitanos b) Porque se sintió engañada c) Para salir en los medios

Yo escogería la segunda y, si me puedo permitir opción múltiple, primero c) y después a). Reding se mantuvo todo el verano “analizando la situación en contacto permanente con las autoridades francesas”, como rezaban sus portavoces sin ni por asomo una décima de la pasión de la comisaria de Justicia. En su discurso, por si fuera poco, es una reafirmación de las leyes europeas (Carta de Derechos Humanos y directiva sobre libertad de movimiento) con los posibles delitos de Francia siempre en condicional. La palabra “vergüenza” la utiliza para definir la traición de Sarkozy. La circular que ponía en la diana a los gitanos estaba fechada mucho antes de que dos ministros se reunieran con ella en Bruselas para tranquilizarla. Y nadie la avisó. Sin embargo, el Parlamento Europeo, la ONU, colectivos de gitanos y ONG creían tener pruebas de deportaciones étnicas mucho antes de la circular definitiva. ¿Dónde estaba Reding?

Batalla interna en la Comisión

Ayer, la portavoz de José Manuel Durao Barroso no fue capaz, ante preguntas insistentes de los periodistas, de recoocer que el presidente de la Comisión estaba al corriente del discurso de Reding. Por lo tanto, o la presión era ya insufrible y Barroso pensaba desmarcarse de Reding, o la portavoz es una mala portavoz. Finalmente, Barroso salió en defensa del ardor europeísta de Reding, desmarcándose sólo de la frase en la que pensaba que Europa no tendría que presenciar deportaciones por motivos étnicos nunca más desde la Segunda Guerra Mundial.

Ahora mismo, al margen de lo que pueda pasar en la cumbre a la que Sarkozy llega con buenas encuestas internas, en el seno del Ejecutivo comunitario se está produciendo una lucha entre los comisarios que apoyan a Reding (la comisaria que la semana pasada dijo que “la Comisión no puede declarar la guerra a un país”) y los que concuerdan con la estrategia anti-crimen de Sarkozy. Estos últimos utilizarán cualquier nueva declaración de buenas intenciones de aquí a dentro de dos semanas, cuando se toma la decisión de abrir expediente, con tal de salvarle el cuello al presidente de Francia. Entre ellos estará, sin duda, Michel Barnier, ex ministro de Sarkozy, a quien le debe el cargo, o Antonio Tajani, ex ministro de Berlusconi, que hace dos años inició un censo de huellas digitales de gitanos sin que, en aquella ocasión, Bruselas amenazase con recurrir al Tribunal de Luxemburgo.

Alguien tenía que pulsar el botón rojo. Ciudadanos europeos, que deberían estar amparados por la ley, pueden estar siendo deportados por motivos étnicos. La reacción de París, un concurso de animaladas para que en el fondo no se hable concretamente de las deportaciones, prueba la necesidad de dar la voz de alarma. Pero… ¿es todo el mundo quien dice ser?


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