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Mubarak no tiene tiempo para Ashton

La baronesa toca poco la campana. Cuando lo hace, no se le escucha (Foto: Consejo)

La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton no fue a Haití tras el terremoto del año pasado porque no era “ni médico ni bombero”, según explicó después. Cuando se perdió la vuelta a las negociaciones del proceso de paz entre israelíes y palestinos en Washington, la Alta Representante estaba en China, “en el centro de las negociaciones” entre la Unión Europea y Pekín. Ahora planea viajar a Egipto la semana que viene, pero todavía no sabe si se reunirá con el Gobierno de Mubarak o con los Hermanos Musulmanes, por distintos motivos.

Según un alto diplomático comunitario, el ministro de Exteriores egipcio ha explicado a los funcionarios europeos que es mejor que ningún mandatario extranjero aterrice en El Cairo en este mes porque Mubarak y su nuevo Gobierno tienen “una ocupada agenda interna”. Es posible que el enviado de Rusia para Oriente Medio o el ministro de Exteriores de los Emiratos Árabes, que estuvieron de visita oficial esta semana, se presentaran sin avisar. O que Mubarak tema el firme y claro mensaje de la UE, que ni lo cita en su montaña de sus comunicados. El mismo funcionario, muy al corriente del día a día de Ashton, afirma que la baronesa todavía no sabe si se va a reunir con los Hermanos Musulmanes, uno de los actores clave en el país.

Según un completo análisis de The Economist, Ashton “ha desarrollado una impresionante actitud de refutación” contra las críticas que en privado hace todo el mundo y en público especialmente la Eurocámara. Es probablemente el único poder que le queda tras una decena de blandos comunicados europeos sobre Egipto. Todos llegaron a rebufo de EEUU y en ninguno se sugirió que Mubarak pida un avión con catering para unas horas. Según Ashton, su discreción se debe a que no puede expresar sus ideas propias y a que no tiene dinero y recursos suficientes. Pero la Alta Representante tiene unos poderes inmensamente mayores que los que tenía Javier Solana, al que le bastaba un avión, un móvil y un grupo de periodistas para al menos hacer que su mensaje se escuchara.

Ashton es tan “impresionante” refutando porque tiene pavor a tener que rectificar, a que un ministro pueda discrepar de uno de sus comunicados. Por ese motivo, sus declaraciones nunca son más que el mínimo común denominador y llegan siempre tarde. Nadie podrá acusar a la baronesa, que aterrizó en el cargo sin experiencia y de rebote, de ir más allá de las tesis de los 27 Estados miembros de la UE, a los que se debe. Del mismo modo, nadie podrá decir que la sucesora de Solana trabaja por que la voz de Europa se escuche más en el mundo, como es su obligación, o que llegue a tiempo a las citas con la Historia. Cuando no la plantan.


David, ven

Ahora que parece que David Miliband se prepara para pasar a un segundo plano para que su inevitable sombra no planee sobre su hermano, es un buen momento para reavivar sus opciones europeas. En este discurso de la conferencia laborista pronunciado este lunes, Miliband hace un guiño a la alianza con Europa al reconocer que es un requisito sine qua non para la proyección exterior y seguridad británica. No deja de ser un discurso sin demasiada trascendencia, especialmente ahora que el mayor de los Miliband parece rechazar incluso el puesto de canciller del Exchequer, un cargo teóricamente más ventajoso.

Sin embargo, contrasta con cualquier aparición de la baronesa Catherine Ashton. De las pocas que hace. La Alta Representante huye de las cámaras y, lo que es peor, de los sitios. No fue a Haití porque no era “ni bombero ni médico”. No estuvo en la apertura del proceso de paz entre israelíes y palestinos porque habría estado “en la segunda fila”. Aunque lo parezca, lo más lamentable no es que prefiera no estar, sino que aunque quisiera es poco probable que la invitaran, por méritos propios. No goza del prestigio ganado con continuos viajes y llamadas telefónicas de Javier Solana y se empeña en guardar un perfil bajo, al igual que el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy.

¿Qué necesitaría David Miliband para alcanzar un puesto que rechazó en su momento? Un milagro. A la baronesa aún le quedan cuatro años largos de mandato y el nombramiento de comisarios depende de los jefes de Gobierno de cada país. Es decir, de David Cameron, que hubiera estado más que encantado viéndolo marchar hace unas semanas, pero que ahora puede estar percibiendo a los laboristas como un leve zumbido en torno a su mandato.

Puede que David Miliband deshoje la margarita de un puesto internacional, pero no parece fácil que sea uno de los grandes puestos de la Unión Europea porque sus puertas se cerraron ya con la llegada de Ashton. Ambos supuestos dicen mucho de Miliband… y de la UE.


La UE quiere su foto en Haití

De nada sirve la tragedia. En Bruselas o Washington la inercia es otra. Los estadounidenses aterrizaron, con helicóptero incluido, en el palacio presidencial de Haití. Parece que espontáneamente desembarcaron también en todas las portadas de periódico. Sobre todo las españolas.

La foto del helicóptero queda ya para la Historia como el día en el que EEUU se hizo con el mando del país desencajado. Es una imagen tan potente como de discutida rentabilidad a largo plazo. En Bruselas y Estrasburgo hay mucha gente celosa que recuerda que Hillary Clinton ya se ha paseado por la zona.

¿Dónde está Europa? El comisario de Desarrollo, Karel De Gutch, viaja hoy a Haití tras la decisión de la UE de enviar 220 millones de euros a corto plazo y otros 200 más a largo plazo. Catherine Ashton, la Alta Representante para la Política Exterior, se irá a EEUU. La polémica de moda está ahora en el fin de semana que Ashton supuestamente pasó en Londres, con su familia, mientras Clinton se paseaba por la zona cero de la catástrofe.

Teniendo en cuenta que no hay casi ni dónde aterrizar y que los haitianos necesitan agua potable, tiendas de campaña y atención médica, parece un tanto frívolo (e ingenuo) que alguien se atreva a pensar que la implicación de uno u otro país se mide por la atención mediática. Pero así es.

El medio es el mensaje. Ayudas si se ve (o parece) que ayudas.

Sin ir más lejos, echen un vistazo a las televisiones y periódicos. En cada telediario se puede ver a reporteros estrella luciéndose, maquillados y bien peinados, al lado de cientos de personas que luchan literalmente unas con otras por recibir alimentos de primera necesidad. En la información-espectáculo, los periodistas (y las visitas de los periodistas, sus sentimientos y vivencias) siguen primando más que cualquier historia de un haitiano.

Un ejemplo: Anderson Cooper, estrella de la CNN que deja ‘su cámara’ para ayudar a un niño herido. Todo parece muy natural. Pero… alguien lo está grabando porque probablemente Cooper se haya desplazado a Haití con un equipo generoso que, por supuesto, continúa trabajando para ofrecer a los espectadores las mejores imágenes. Las de su reportero, claro.