Más sabios y más libres (gracias, Público)

Público para las pajaritas, visto en el Facebook de Javier Jaen Benavides

Hay quien dice que ser periodista es un oficio sin igual y que, por lo tanto, el cierre de un periódico es completamente diferente al cierre de cualquier otra empresa. Quienes así argumentan aseguran que cuando se muere un periódico se acaba también una visión ordenada de la realidad. Lloran por la pluralidad informativa, que queda irremediablemente dañada. Lamentan, autoproclamándose “huérfanos”, que todos somos un poco menos libres porque el derecho a expresarnos pierde eso que llaman “un faro”.

Si estos días echamos un vistazo a un kiosko, es obvio que tienen algo de razón. Público, el periódico para el que he trabajado más de tres años y medio como corresponsal en Bruselas, distribuyó su número 1.599 el viernes. Fue el último en llegar a los puntos de venta habituales. Su voz honesta, directa y comprometida desaparece de la oferta de prensa escrita, ya que la inmensa mayoría de sus periodistas seremos despedidos. Los responsables de Público, tanto informativos como empresariales, han atribuido el cierre principalmente a la crisis de la prensa de papel, multiplicada por una crisis económica general que ha agudizado la pérdida de ingresos publicitarios.

Sin embargo, la tragedia en poco cambiará la vida de todos esos ciudadanos. Para la mayoría de los lectores, ese sonido más o menos nítido que se apaga en la jungla no la hace menos ruidosa, aunque ahora sea un poco más difícil entenderla. Probablemente el mundo sólo deje de girar para aquellos que teorizan sobre los faros de la libertad, pero principalmente para los profesionales que se enfrentan a la precariedad y el paro. Esa perspectiva, que a muchos nos produce inquietud, es la única tragedia de verdad.

Última portada de Público.

En realidad, hace años que los periódicos dejaron de ser misiones en la vida de un editor y sus vástagos. Hace tiempo que muchos cotizan en bolsa y otros se rigen por exigentes objetivos económicos. Muchas veces, los nuevos intereses son incompatibles con otros beneficios intangibles, como la influencia en beneficio propio o con fines más altruistas. Tampoco es nuevo internet y ya no es el futuro de nada sino el presente de todo. De la mano de la tecnología y su popularización, la libertad de expresión dio un salto de gigante. Los periódicos de toda la vida dejaron de ser el único canal para acceder al demandado cóctel de información, análisis e interpretación. Nada de esto nos coge por sorpresa.

Que los negocios de la prensa tradicional, el cine o las discográficas, no hayan conseguido acomodarse a la nueva realidad no es culpa de la nueva realidad, sino de esos sectores y sus responsables. Pero no se puede culpar por ello a los que, con más o menos aciertos, lo han intentado. No dispararé contra el editor, aunque cuando sucedió todo se encontrase de camino a Beverly Hills, como se ha enfatizado. Se ha dejado voluntariamente muchos millones de su dinero en una empresa que ni era una ONG ni lo pretendía. Sin esa inversión y muchas casualidades, no estaría escribiendo estas líneas. Tampoco tienen gran cosa que ver los poderes públicos que para algunos deberían mantener la prensa. No hay mayor poder público que el del lector que puede permitirse comprar un periódico al día.

Como el diagnóstico está claro, en lugar de lamentarme, daré por triplicado las gracias. A Ignacio Escolar, director fundador, por confiar en mí y por darme pie a luchar por mi hueco. A mis compañeros y jefes, por creer incondicionalmente en lo que estaban haciendo y permitirme aprender de ellos para crecer como periodista. Poco mueve más que una voluntad común al servicio de una causa inteligente. Por último, me siento agradecido a mis compañeros de otros medios en Bruselas, con los que en realidad no se compite, sino que se disfruta. Su solidaridad es poco comparable a la que se vive en otras corresponsalías o ciudades y en los últimos días la he sentido reconfortantemente cerca.

Público ha cerrado con más estruendo, pero como cualquier otra empresa. No ha sido un fracaso, sino una buena idea con un final prematuro. Los que quieran pedir responsabilidades pueden hacerlo a aquellos que deberían haber apostado más por el diario, tanto apoyándolo como altavoz (¿qué fue del centro izquierda y por qué?) como gestionándolo pese al temporal. Para tantos otros, entre los que me incluyo, quedan sobre todo el privilegio profesional y el inmenso aprendizaje. Tras ella podemos ordenar mejor la realidad desde nuestro punto de vista y, quizá pronto, también integrándonos en otros equipos. Tras ella somos humanamente más libres y menos huérfanos. Es un buen equipaje para continuar caminando.


Trataditis

En la imagen, Merkozy. ¿Qué pasaría si abriésemos el objetivo? (foto: N. Konstantin)

Europa se está contagiando de trataditis. Sus síntomas surgen en Bruselas en cualquier conversación sobre la cumbre de la Unión Europea de este jueves y viernes. ¿Es necesario reformar los tratados? ¿Será suficiente con reformar el Protocolo 12 o habrá que ir hacia una reforma profunda del Protocolo 14 y el artículo 136? ¿Y si la eurozona se dotase de un tratado propio, quién sería su árbitro? Los titulares se multiplican tanto en la prensa especializada como en la generalista y de repente todo el mundo tiene una opinión sobre “los tratados”.

La enfermedad se convierte en letal cuando se olvida que el cambio en los tratados no es ni un fin en sí mismo ni la solución a corto plazo para la crisis. Antes de que se abriese el melón de la arquitectura institucional, los tres elementos clave de la crisis estaban ya sobre la mesa. La especulación y sus dos antídotos: la responsabilidad y la solidaridad. La especulación sigue campando a sus anchas, ya que las sucesivas reformas de la legislación financiera no han cambiado los fundamentos del sistema. El mejor ejemplo son las agencias de calificación, indiferentes a las tres reformas legales que se han puesto en marcha desde 2008. La responsabilidad es para Alemania un sinónimo de drástica austeridad y debe imponerse a los demás socios para saciar la sed de los especuladores. La solidaridad, ya sea a través de métodos de intervención temporales (el BCE y los fondos de rescate) o escudos duraderos (eurobonos), es el último elemento de la lista para los líderes del euro, aunque debería ser el primero.

Solidaridad. A corto plazo, sólo hay una institución capaz de conseguir que la zona euro se libere de las dudas de los especuladores, atenuadas estos días por la perspectiva de un acuerdo. No es nueva, no tiene por qué ser reformada en un tratado para poder actuar y  siempre ha estado ahí. Se trata del Banco Central Europeo. El BCE, que sólo es independiente sobre el papel, está tan influenciado por Alemania como las cumbres de líderes de la UE. Sus objetivos no difieren demasiado, ya que Alemania es siempre el jugador con más fichas en la casa de apuestas. Berlín, como primera potencia del euro, exige austeridad a cambio de relajar su oposición a los ayudar a sus socios y reforzar el fondo de rescate. El actual no tiene fondos y el futuro es sólo una promesa. Ambos serán objeto de discusión durante la cumbre. El BCE exige austeridad (y para prueba las cartas de este verano a Berlusconi y Zapatero) a cambio de comprar deuda masivamente.

Responsabilidad. Bien entendida, comienza por uno mismo. El endeudamiento excesivo no es de izquierdas ni de derechas, sino una amenaza mientras dependa de la buena disposición de los inversores. Al fin y al cabo, la única razón de ser de los especuladores no es financiar patrióticamente a países sino simplemente ganar dinero. Sin embargo, el endeudamiento (público, como el griego o el italiano, o privado como el español) está ahí y tardará en reducirse. Bien entendida, la responsabilidad no sólo consiste en no tener deudas enormes, sino en evitar que te acaben tumbando cuando ya las tienes. En ese sentido, la deriva alemana está poniendo en riesgo el crecimiento necesario para devolver lo que se debe o propuestas como los eurobonos, un escudo contra la especulación tan efectivo como poco probable a corto plazo.

Llegados a este punto… ¿dónde encajan los tratados? Aunque las discusiones sean muy apasionadas en Bruselas, su razón de ser es más mundana: intereses nacionales y electorales. “Los tratados se utilizan para un fin, no son la sustancia, no son lo más importante”, recuerda un alto diplomático comunitario. “Pero para Alemania, exigir un gran cambio en el tratado es muy sexy, es un dogma político. Imagínate a la canciller entrando en el Bundestag asegurando que ha conseguido cambiar el protocolo 12. Todo el mundo se reiría”, señala. No ocurriría lo mismo con un cambio de tratado, que los votantes recordarían a la hora de votar en las elecciones generales de 2013. Merkel, la canciller que hizo a Europa alemana. “Francia, por otro lado, es perversa. Sarkozy quiere refundar Europa antes de sus elecciones presidenciales y exige un tratado nuevo y sólo para los 17 países del euro. ¿Pero cómo se articularían los sistemas de votación que proponen Merkel y Sarkozy? ¿Cómo se implicaría al Tribunal de Justicia europeo? Los dos elementos caerían por su propio peso”, añadió.

La fórmula legal que finalmente se adopte es en realidad un traje a medida de la Europa que viene. Los servicios jurídicos de las instituciones son expertos en su confección. En la Europa que viene, un país o sus bancos podrían ser apoyados o no por sus socios de la unión monetaria, un barco con muchos camarotes ante un mismo iceberg. En la Europa que viene, los derechos de los ciudadanos o el modelo de bienestar europeo podrían sufrir o no un gran ataque. Eso es lo que realmente está en juego.


El día en que Merkel dejó de ser socialista

Merkel y Sarkozy, con Van Rompuy y Junker.

Radoslaw Sikosrski, el ministro polaco de Exteriores, pronunció la semana pasada un discurso en Berlín en el que aseguró que teme más la inacción de Alemania para poner fin a la crisis que sus decisiones equivocadas. El discurso fue muy celebrado por la prensa internacional, que reconoció el valor de Polonia, país clave de la Europa del este y presidencia de turno de la Unión Europea, para decir alto y claro lo que muchos piensan dentro de la eurozona.

Sin embargo, ayer las acciones pesaron más que las omisiones en la lista de pecados de Angela Merkel. La cumbre de Francia y Alemania deparó tres rectificaciones clave. La primera y más clara es la renuncia a que el sector privado contribuya en futuros rescates de la zona del euro renunciando a parte del retorno de sus inversiones. La idea fue una bandera de la canciller y le granjeó aliados insospechados: una buena parte de la izquierda europea. La intención era tan simple que caló hondo entre los ciudadanos: los bancos invirtieron en deuda griega a pesar de que el país se estaba endeudando peligrosamente, por lo que si Grecia quiebra, las entidades deben que asumir parte de las deudas. Merkel no se había vuelto socialista, sino populista, entre otras cosas porque los bancos alemanes (que reciben mucho más dinero público que el resto) estaban pringados hasta la médula en Atenas.

Ayer se revirtió esa idea, utilizada ya con Grecia y nacida de otro célebre encuentro de Merkel y Sarkozy, que quedará para siempre inmortalizado en las playas de la localidad francesa de Deauville. De nada sirven las rebajas, porque salvo una revisión a fondo del funcionamiento de los mercados financieros o una drástica reducción de la deuda pública, los especuladores siguen teniendo la sartén por el mango. La exigencia ayer olvidada de Merkel provocó una gran tormenta financiera porque los mercados interpretaron que el euro ya no pagaba sus deudas. Según ese razonamiento, Grecia es un precedente para otros países. La cumbre de Deauville marcó el inicio del contagio.

Merkel rectificó ayer también en cuanto al fondo de rescate. Sobre la mesa está de nuevo la propuesta de Sarkozy de dotar al nuevo mecanismo (que sucederá al actual el año que viene) de licencia bancaria para que pueda acudir como cualquier otra entidad al BCE y recibir el apoyo de un gigante que de momento sólo sostiene sin complejos al sector privado. La tercera rectificación es de Sarkozy, que aceptó las sanciones automáticas del Pacto de Estabilidad que en Deauville había conseguido neutralizar.

La refundación de Europa se basa en una enmienda a las propuestas de octubre de 2010 que sigue dejando para otro momento el gran reto: recuperar el crecimiento y el empleo. La austeridad, por sí misma, es una constante que todavía no ha convencido a casi nadie fuera de las salas de reuniones del nuevo directorio europeo. El comisario europeo de Empleo, László Andor, advierte este martes en su cuenta en Twitter de que endurecer las sanciones hasta hacerlas automáticas las convierte en “una broma”, porque “la unión económica necesita de un proceso de decisiones colectivo y democrático, que pueda responder a los retos”. Andor alerta de que la unión económica “por sí sola no salvará a la moneda única” ya que “la unión de deuda es necesaria” a través de eurobonos y un papel más activo del BCE. En este largo y costoso proceso de ensayo-error, la refundación de ideas que ayer exhibió el eje francoalemán podría no ser la última.


Eficacia no gasto

Fogos artificiales vistos desde a praza de Santa María (01/09/2011/D.B.)

As expresións “eficacia no gasto” ou “estabilidade orzamentaria”, tan repetidas nestes tempos, utilízanse con frecuencia como eufemismos doutra de significado moito máis feroz: recorte (de servizos sociais, educación, ou sanidade, por exemplo). En realidade, non deberían soar a eufemismo senón presupoñerse a todo bo xestor ou gobernante. Se cada vez que as escoitamos torcémos o xesto e pensamos “aí ven o lobo” é simplemente porque veñen a significar que durante uns anos vivimos perigosamente. Fixemos da ineficacia no gasto unha regra, o normal. O lobo é, no mellor dos casos, unha versión responsable de nós mesmos.

Para afastarse deste debate chega con pisar Vilalba nestes días de rencontro familiar e overbooking nos bares. Vilalba vive as festas de San Ramón e Santa María e as festas son precisamente para esquecerse das miserias cotiás e firmar un armisticio coa crise, aínda que só dure uns días. As deste ano, segundo as informacións publicadas na prensa, teñen un custo estimado de 280.000 euros, dos cales 70.000 proceden directamente do Concello. Pode que haxa quen diga que o gasto é excesivo, e máis nestes tempos de austeridade, pero sempre haberá quen replique que Vilalba ben o merece. E xa se sabe que contra os argumentos do corazón as demáis palabras perden forza.

Aínda que ás veces non luza, en Vilalba hai moita xente que pon en dúbida as declaracións de Suso Trastoy publicadas esta semana por El Progreso, nas que di que a única Cultura que hai en Vilalba é a da “misa de doce” e a de “tomar viños, nada máis”. El é, por citar o primeiro nome, un bo exemplo do contrario. Pero hai máis. En Vilalba existe unha grande tradición musical que orbita fundamentalmente en torno á banda de música e ó conservatorio. Hai unha xeración de músicos novos, profesionáis e que están abríndose camiño en cidades españolas e europeas gracias a un traballo de calidade. Refírome a nomes como José Ramón Saborido, Anabel Nistal, Iván Siso, Daniel Veiga, Marta Prado, Daniel Rivas ou Paula Rouco, entre moitos outros. Ademáis, en Vilalba hai máis música, con boas bandas de gaitas e pandereteiras ou incluso grupos de pop e rock.

¿Que son unhas festas sen música? O mesmo que un pobo que prescinde dos seus mellores activos. No caso de Vilalba, que institucións como a banda de música non estiveran presentes no programa e por pouco ausentes do escenario parece imperdoable. Que a asociación de músicos tivese que autofinanciar parcialmente a súa actuación coa apresurada venda de rifas cando ó mesmo tempo se poñen a disposición dos artistas chegados de fora miles de euros en caprichos e catering, soa a ciencia ficción. Outros colectivos e grupos denunciaron tamén a falta de apoio institucional e organizativo que os levou a organizar un festival paralelo ó programa oficial, que contou con artistas como Efecto Mariposa, Nena Daconte, Bertín Osborne, Karina, Jeanette, Lucía Pérez ou Francesco Napoli, entre outros.

Parece claro que o día que ás festas de Vilalba cheguen as expresións “eficacia no gasto” ou “estabilidade orzamentaria” deberán vir acompañadas dun cambio na maneira de facer as cousas que saiba ver no aproveitamento do talento que xa existe a mellor das inversións posibles.


Cuatro reflexiones sobre la prima de riesgo

(Entrada publicada simultaneamente en Escolar.net)

1.- La reforma del sistema financiero está a medias. Decir que los mercados financieros no funcionan correctamente puede parecer una obviedad, pero nunca su efecto fue más devastador. No supieron prevenir la crisis financiera que estalló con la caída de Lehman Brothers y en su secuela, la crisis de deuda soberana, ponen en el punto de mira a países cuya gestión actual de la crisis en modo alguno explica dudas tan acentuadas. Pasaron de no inmutarse por nada a la histeria. Ambos extremos acaban siendo subsanados gracias a enormes sumas de dinero público.

O se acepta que la especulación totalmente libre (ya sea con hipotecas basura o con deuda pública) es el mejor de los sistemas, o se cambian las reglas de juego y se limita la licencia para matar. Un paso intermedio en los países que se manejan en euros cambien su manera de relacionarse con los especuladores a través de la imposición de límites a los excesos y la integración económica para compartir riesgos y evitar flancos débiles.

2.- En Europa está parte del problema y de la solución. Durante más de 10 años, los países del euro se han comportado como los armadores del Titanic. Maravillados por la genialidad del concepto, se olvidaron de que en el océano también hay icebergs. Ignorar los beneficios de toda una década es tan simplista como ignorar sus deficiencias, que sólo ahora se empiezan a corregir. Hace tan solo unos días, los líderes del euro pactaron el segundo rescate de Grecia y flexibilizaron el fondo de apoyo al euro para intervenir en los mercados de deuda, pero al plan le faltan semanas para estar plenamente operativo.

En sí, es un hito en la contrucción de una Unión Europea económicamente federal que está obligada a conjugar sentimientos nacionales a veces contrapuestos. Como ningún país se plantea abiertamente abandonar la moneda única, no hay opción a compartir compañeros de viaje. Aunque a veces la travesía parezca un infierno.

3.- La prima de riesgo no entiende de color político. Un repaso a la situación europea basta para darse cuenta de que la crisis de la deuda soberana merece cierta altura de miras. Que en Italia Gobierne la derecha con políticas de derechas y años por delante hasta las próximas elecciones no ha evitado una situación de alta tensión. El cambio en Portugal, desencadenante de su rescate, no ha evitado ni más recortes sociales ni rumores sobre un segundo programa de ayuda. Es ingenuo creer que la convocatoria de elecciones o un cambio en el inquilino de la Moncloa es suficiente para restablecer la confianza.

La campaña electoral puede ser la más crucial de la democracia. De momento se debaten asuntos como si Alfredo Pérez Rubalcaba es el líder del PSOE o si Mariano Rajoy es un político de centro, pero de la capacidad del próximo Gobierno para dar carpetazo a la crisis dependerá el bienestar a medio plazo de sus gobernados. Nunca fue tan necesario un debate sobre ideas y propuestas concretas.

4.- Es el crecimiento, estúpido. Un argumento recurrente de las agencias de calificación es la debilidad del crecimiento de los países más acorralados por la especulación. Paradójicamente, lo dicen al mismo tiempo que exigen recortes del déficit para demostrar que se pagarán las deudas. En realidad, el control del déficit es imprescindible, pero siempre que se subordine a la expansión de la economía, de la que depende la creación de empleo, la recaudación de impuestos y el pago de las deudas.

La Unión Europea lleva un par de años obsesionada sólo con el control del gasto público. Para economías que funcionaban antes de la crisis puede ser suficiente. En el caso de la española, hace ya tiempo que se superó el punto de no retorno, llamado también estallido de la burbuja inmobiliaria. Como el ladrillo no va a volver, porque todavía no se ha ido, podríamos dedicar este mes de agosto a pensar qué podemos hacer mejor que nadie y centrarnos en la tarea. Y no me refiero a descansar en nuestro lugar favorito.