Bruselas da un respiro estadístico al Gobierno

De Guindos y Venizelos, el ministro de Economía griego | Consejo

Sólo una hipótesis servía al Gobierno y se ha hecho realidad. Eurostat, la oficina estadística comunitaria, confirmó este lunes la cifra de déficit de 2011 de España: un 8,5% en relación al PIB en 2011. Se trata del tercer déficit más abultado de la Unión Europea, tras el de Irlanda (13,1%) y Grecia (9,1%). La media de la eurozona se sitúa en el 4,1%.

La cifra es en sí una mala noticia, ya que confirma una desviación de 2.500 millones de euros respecto al objetivo previsto y supone un doloroso incentivo para los recortes que con tanto empeño está llevando a cabo el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Sin embargo, sabe a gloria porque no destapa ningún gasto oculto y compensa la falta de credibilidad estadística del Gobierno. El anterior pronosticó un 6% y las comunidades autónomas lo dispararon hasta el 8,51%. El actual Ejecutivo anunció en diciembre en torno a un 8% y acabó revisando al alza su propia cifra.

Los datos de Eurostat habían sido presentado por la Comisión Europea con mucha pompa y suspense. No en vano, era una de las pruebas clave que España tenía que superar para evitar una intervención total de sus cuentas públicas y la maldita lluvia de millones que deja a un país fuera de la circulación de la financiación.

La noticia también acaba con los rumores, extendidos por medios como la agencia Reuters en notas como esta, en los que se citaba a varias fuentes que aseguraban, siempre desde el anonimato, que el Gobierno había inflado sus cifras de 2011 para verse legitimado en sus ajustas y para que el recorte de 2012 supiera a más.

A los defensores de esta teoría siempre les resta la posibilidad de consolarse diciendo que la cifra de Eurostat está maquillada para evitar un rescate. Lo cierto es que un déficit menor del 8,51% certificado por el Gobierno acabaría con la credibilidad del propio Gobierno y con la de los técnicos que elaboran las estadísticas. Metería a España de lleno en la senda trazada por Grecia, que durante años mintió sobre su gasto público en los datos que remitía a Bruselas. Por otra, si la cifra superaba el 8,51%, la credibilidad de las estadísticas quedaría también tocada y el Gobierno tendría que anunciar aún más recortes.

Todos esos escenarios, ahora descartados, provocarían una enésima y quizás letal tormenta en los mercados. El alivio, aunque grande, no es definitivo. La Comisión Europea todavía puede proponer que se imponga una multa a España por el desvío (de 2,5 puntos respecto a lo comprometido) y todavía no ha emitido su veredicto sobre los presupuestos, que sigue estudiando al tiempo que pide mano dura para las comunidades autónomas. En las próximas semanas, España todavía tiene muchas pruebas que superar.


Laszlo Andor: Ante un paro “inaceptable”, emigrar es “parte de la solución”

El comisario de Empleo, Laszlo Andor, en un encuentro con estudiantes europeos el año pasado

He aquí un comisario poco al uso. Reclama no recortar en Sanidad y Dependencia y considerar a esos sectores no como un lastre, sino como un mercado laboral en expansión. Pide reforzar el papel de los empresarios, salarios mínimos dignos, bonificaciones a la contratación de jóvenes e inversión en educación y reciclaje.

Como contamos en la entrevista y artículo que publicamos hoy en La Voz de Galicia, Laszlo Andor es el verso suelto de una Comisión rendida a la austeridad y los recortes. Puedes leer la entrevista aquí y el artículo sobre sus propuestas, todavía no desveladas, aquí. Al tratarse de La Voz de Galicia, el periódico con el que comencé a leer prensa, me hace una especial ilusión destacarlo en el blog.


El ser o no ser de Rajoy en Europa

Rajoy, firmando el tratado de austeridad antes de anunciar su incumplimiento a la prensa.

La nota de los dos principales exámenes de Mariano Rajoy en Europa se conocerá este viernes en dos ciudades distintas. En Madrid, el Gobierno presenta sus presupuestos para 2012, unas cuentas públicas que no entrarán en vigor hasta mediados de año y que incluirán un nuevo gran recorte. En Copenhague, el ministro de Economía, Luis de Guindos, está invitado a explicarlas en una reunión de ministros de Economía del euro que también debatirá sobre la cascada de cargos europeos vacantes.

Rajoy se juega muchas más cosas en Bruselas, porque es en la capital de la UE, cuando no en Berlín, donde se marcan las pautas económicas de asuntos como la reestructuración del sistema bancario o la reforma laboral. Sin embargo, los exámenes de la austeridad y los cargos servirán como termómetro perfecto para aclarar si Rajoy es capaz de mantener una versión tamizada de la voluntad de tomar decisiones en Europa, expresada en campaña electoral, o se resigna a aplicarlas, como hizo el anterior Gobierno.

Rajoy logró, a pesar de un desgaste innegable de su imagen pública, un éxito relativo al lograr que se flexibilizasen los objetivos de déficit este año en nueve décimas. El coste fue tragarse sus palabras y el objetivo de déficit anunciado unilateralmente, “una decisión soberana que toman los españoles”, según él, pero que al final enmiendan los alemanes. Rajoy arañó una suavización que otros países no tardarán en plantear y que ha puesto nerviosos a los países satélite de Alemania, todavía más obsesionados con la austeridad. Si Rajoy no hubiese entrado en el Consejo Europeo como un elefante en una cacharrería, las nueve décimas obtenidas al margen de todo proceso formal le hubieran sabido a gloria. Como quiso imponer 1,4 puntos, su autonomía se vio mermada.

Ahora no se trata ya de la propia credibilidad personal de Rajoy sino del lugar de España en Europa. El pacto no escrito que daba a España un puesto en el directorio del BCE se ha roto. De los seis miembros del Consejo Ejecutivo del BCE, cuatro pertenecen todavía a los grandes países del euro: Alemania, Francia, Italia y España. Sin embargo, el relevo de José Manuel González Páramo en la institución será con toda probabilidad el prestigioso gobernador central Yves Mersh, de Luxemburgo. “Que el banco tenga un presidente italiano [Mario Draghi] y un vicepresidente portugués [Vitor Constancio] es lo que sobre todo resta posibilidades a España”, razona un alto funcionario comunitario. “Pero también el perfil del candidato español [Antonio Sáinz de Vicuña], que lleva muchísimos años en el banco central, y tiene mucho prestigio como jurista económico, pero no es experto en política monetaria”, señalaba esta semana la misma fuente.

Mantener a un vigía en el directorio que lleva el día a día de la institución es clave tanto por su valor en sí como porque pone a prueba la capacidad diplomática del Gobierno. Le asegura a España voz en un foro privilegiado y serviría en estos momentos como recordatorio: España sigue siendo uno de los cuatro grandes países del euro. Sin embargo, la coincidencia del relevo en otros tres cargos ha servido como excusa perfecta para dar a España un puesto de consolación. Perdido el BCE, España no puede aspirar a la presidencia del Eurogrupo (a cuyo presidente, Jean-Claude Juncker, se le acaba el mandato), pero sí a la gerencia del fondo de rescate del euro, un órgano carente de cualquier perfil político y que está al dictado de los ministros de Economía.

Un éxito relativo de la capacidad personal de maniobra de Rajoy, siempre condicionado por el cumplimiento de los nuevos objetivos de déficit, difícilmente se compensa con una pérdida objetiva de poder económico en la eurozona, por lo que el presidente del Gobierno podría no salir muy airoso de sus primeros envites europeos. En dos días lo sabremos.


Sólo Merkel se puede permitir el estrépito

De Guindos charla con Baroin, el ministro francés | Consejo de la UE

El estrépito con el que Mariano Rajoy irrumpió en la batalla de la austeridad sólo era comparable con el silencio con el que ha respondido Berlín. Hasta ayer. Diez días después de que Rajoy anunciase que se saltaba el límite de este año, el Eurogrupo declaró “muerto” el compromiso anunciado unilateralmente por el presidente del Gobierno.  Hasta ayer, Alemania seguía sin tener una opinión apasionada sobre el desafío. Y Alemania tiene una opinión apasionada sobre casi todo, aunque a veces no la exprese.

El golpe a Rajoy ha sido considerable, sobre todo porque vino precedido de una reunión previa al Eurogrupo entre el ministro Luis de Guindos y su homólogo alemán Wolfgang Schäuble. “España ha hecho grandes progresos. Eso lo ven también así los mercados financieros“, dijo el siempre circunspecto Schäuble. El alemán “no ha pedido absolutamente nada para el 2013”, presumía De Guindos al describir una reunión “extremadamente abierta, extremadamente agradable” y “constructiva”. Nada que ver con el carácter “extremadamente agresivo” que le había confesado en otro Eurogrupo De Guindos a Rehn sobre la reforma laboral, cuando pensaba que nadie le escuchaba.

La reunión que siguió a esas buenas palabras no fue del todo “agradable” para España. A través de De Guindos, marcó el fin de la inocencia europea de Rajoy, un sentimiento probablemente similar a la de Salgado el 9 de mayo de 2010, cuando salió de otro Eurogrupo con un recorte del 1,5% del PIB con el que no había entrado. La sensación es parecida: Europa impone dolorosos recortes a España. El contexto, no. En mayo de 2010, los rumores de un posible rescate de España eran constantes y el euro se desgajaba, días después de firmar su primer rescate de la economía helena. Hoy en España escuecen los recortes, que han metido a la economía en una espiral de paro y recesión. Pero el país no está al borde de una intervención internacional y el recorte extra parece responder a motivaciones exclusivamente políticas. Pretende servir de castigo ejemplar a un Rajoy que creía poder actuar como si fuese autónomo.

Tan solo hace diez días, el presidente del Gobierno había sorprendido a propios y extraños al anunciar por su cuenta la nueva cifra, que ayer el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, dio por “muerta”. “No se la he contado a los presidentes y jefes de Estado ni tengo por qué hacerlo”, había asegurado Rajoy. “Es una decisión soberana que toman los españoles y que la han conocido ustedes en estos momentos [en referencia a la prensa]. Y a la Comisión se la contaré en el mes de abril”.

La Comisión tiene, pues, el trabajo hecho. Sus reproches al procedimiento heterodoxo de Rajoy quedaron superados por la apisonadora política del Eurogrupo, que por otra parte sí abrió la mano con respecto al 4,4% del déficit que exigía el Ejecutivo comunitario. Quizás el comisario Rehn no se llevó todo el recorte que defendía en las últimas semanas, pero al menos sí salió de la reunión demostrando que el Pacto de Estabilidad “no es estúpido”, según él mismo reconoció. Y para probarlo, no hace falta nada más que un silencio alemán.

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El estilo de Luis de Guindos sorprende en Bruselas. Acostumbrados a una Elena Salgado a la que a penas se le escuchaba al hablar, De Guindos llega nítido hasta a la oreja más lejana en las habituales ‘melés’ o ‘canutazos’ (declaraciones breves, en la calle, en las que el político se ve rodeado de una maraña de cámaras y periodistas). De Guindos suele desplegar un discurso muy medido, que repite hasta que se cansa y se va con un sonoro “pues muchísimas gracias”. Sin embargo, lo que más llama la atención es su “vamos a ver” como inicio de toda respuesta y una coletilla habitual en los políticos españoles: la utilización de “lo que es” (lo que es la política de austeridad, lo que es el compromiso del Gobierno) en vez de los conceptos reales. En la batalla por la suavización del déficit, ese “vamos a ver” ya puede ponerse en pasado.

Puntos A

A Monti no le han pedido que presida el Eurogrupo (Reuters)

Bravo Merkel por hacer campaña por Sarko (Financial Times)

Juncker “estrangula” a De Guindos ante los fotógrafos antes de abrazarse (EFE)


Más sabios y más libres (gracias, Público)

Público para las pajaritas, visto en el Facebook de Javier Jaen Benavides

Hay quien dice que ser periodista es un oficio sin igual y que, por lo tanto, el cierre de un periódico es completamente diferente al cierre de cualquier otra empresa. Quienes así argumentan aseguran que cuando se muere un periódico se acaba también una visión ordenada de la realidad. Lloran por la pluralidad informativa, que queda irremediablemente dañada. Lamentan, autoproclamándose “huérfanos”, que todos somos un poco menos libres porque el derecho a expresarnos pierde eso que llaman “un faro”.

Si estos días echamos un vistazo a un kiosko, es obvio que tienen algo de razón. Público, el periódico para el que he trabajado más de tres años y medio como corresponsal en Bruselas, distribuyó su número 1.599 el viernes. Fue el último en llegar a los puntos de venta habituales. Su voz honesta, directa y comprometida desaparece de la oferta de prensa escrita, ya que la inmensa mayoría de sus periodistas seremos despedidos. Los responsables de Público, tanto informativos como empresariales, han atribuido el cierre principalmente a la crisis de la prensa de papel, multiplicada por una crisis económica general que ha agudizado la pérdida de ingresos publicitarios.

Sin embargo, la tragedia en poco cambiará la vida de todos esos ciudadanos. Para la mayoría de los lectores, ese sonido más o menos nítido que se apaga en la jungla no la hace menos ruidosa, aunque ahora sea un poco más difícil entenderla. Probablemente el mundo sólo deje de girar para aquellos que teorizan sobre los faros de la libertad, pero principalmente para los profesionales que se enfrentan a la precariedad y el paro. Esa perspectiva, que a muchos nos produce inquietud, es la única tragedia de verdad.

Última portada de Público.

En realidad, hace años que los periódicos dejaron de ser misiones en la vida de un editor y sus vástagos. Hace tiempo que muchos cotizan en bolsa y otros se rigen por exigentes objetivos económicos. Muchas veces, los nuevos intereses son incompatibles con otros beneficios intangibles, como la influencia en beneficio propio o con fines más altruistas. Tampoco es nuevo internet y ya no es el futuro de nada sino el presente de todo. De la mano de la tecnología y su popularización, la libertad de expresión dio un salto de gigante. Los periódicos de toda la vida dejaron de ser el único canal para acceder al demandado cóctel de información, análisis e interpretación. Nada de esto nos coge por sorpresa.

Que los negocios de la prensa tradicional, el cine o las discográficas, no hayan conseguido acomodarse a la nueva realidad no es culpa de la nueva realidad, sino de esos sectores y sus responsables. Pero no se puede culpar por ello a los que, con más o menos aciertos, lo han intentado. No dispararé contra el editor, aunque cuando sucedió todo se encontrase de camino a Beverly Hills, como se ha enfatizado. Se ha dejado voluntariamente muchos millones de su dinero en una empresa que ni era una ONG ni lo pretendía. Sin esa inversión y muchas casualidades, no estaría escribiendo estas líneas. Tampoco tienen gran cosa que ver los poderes públicos que para algunos deberían mantener la prensa. No hay mayor poder público que el del lector que puede permitirse comprar un periódico al día.

Como el diagnóstico está claro, en lugar de lamentarme, daré por triplicado las gracias. A Ignacio Escolar, director fundador, por confiar en mí y por darme pie a luchar por mi hueco. A mis compañeros y jefes, por creer incondicionalmente en lo que estaban haciendo y permitirme aprender de ellos para crecer como periodista. Poco mueve más que una voluntad común al servicio de una causa inteligente. Por último, me siento agradecido a mis compañeros de otros medios en Bruselas, con los que en realidad no se compite, sino que se disfruta. Su solidaridad es poco comparable a la que se vive en otras corresponsalías o ciudades y en los últimos días la he sentido reconfortantemente cerca.

Público ha cerrado con más estruendo, pero como cualquier otra empresa. No ha sido un fracaso, sino una buena idea con un final prematuro. Los que quieran pedir responsabilidades pueden hacerlo a aquellos que deberían haber apostado más por el diario, tanto apoyándolo como altavoz (¿qué fue del centro izquierda y por qué?) como gestionándolo pese al temporal. Para tantos otros, entre los que me incluyo, quedan sobre todo el privilegio profesional y el inmenso aprendizaje. Tras ella podemos ordenar mejor la realidad desde nuestro punto de vista y, quizá pronto, también integrándonos en otros equipos. Tras ella somos humanamente más libres y menos huérfanos. Es un buen equipaje para continuar caminando.


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