Buenas noticias escritas en un papel

Cuando irrumpió internet y el hecho de publicar se convirtió en algo universal, sencillo y sin la tradicional carga de trascendencia, comenzaron las predicciones sobre la extinción del papel. Las hay para todos los gustos, para los más pacientes y los más ansiosos. El fin de la prensa en papel puede llegar y, de hecho, la nueva manera en la que accedemos a la información parece ponernos en camino, algo que ha forzado la reorganización de los medios de comunicación tradicionales.

Pese al clima, no han dejado de aparecer medios impresos. Tras la crisis (en este caso la económica) y en parte la estela dejada por Público, el último gran diario de papel en España, han surgido otros nuevos. La Marea, Alternativas Económicas o Líbero son sólo algunos ejemplos. En realidad, desafían muchos más tópicos y profecías que la del fin del papel. Son analíticos y contienen artículos de fondo, más largos que un tuit y con mucha más miga que un titular bien posicionado en Google. Sienten que a pesar de internet, hay una falta de escrutinio sobre ciertos aspectos de la sociedad y creen que ciertos temas no son tratados con amplitud por los medios que ya existen. Son publicaciones periódicas para una sociedad hiperconectada. La propiedad no está globalizada, ni se vende en paquetes de activos de riesgo, sino que en parte o mayoritariamente pertenece a la redacción, que considera esa titularidad tan preciada como inevitable. Se dirigen a ciudadanos pidiéndoles no sólo su atención, sino su compromiso con su manera de hacer periodismo. Curiosamente, y a pesar de internet, que democratizó el acceso y uso conjunto de potentes herramientas de publicación, el acuerdo de estos periodistas ha sido para expresarse con libertad en papel y a través de modelos del ámbito cooperativo.

Son buenas noticias.

Nuevas publicaciones

No sé si estos u otros ejemplos prosperarán, si mantendrán sus principios en caso de despertar el interés de un gran inversor o si acertarán apostando por el papel. Ni son mejores ni siguiera más dignos que otros modelos de negocio en internet, impulsados por grandes grupos de comunicación o con estructuras más tradicionales. Son oxígeno. Demuestran el compromiso social de muchos periodistas que es razonable reconocer. En ese sentido, son alentadores casos como el de Andreu Missé, director de Alternativas Económicas, inquieto y apasionado de la economía y Europa, que con su equipo ha logrado sacar un primer número lleno de información relevante, contexto y, sobre todo, datos. También La Marea está ofreciendo un punto de vista diferente, heredero en parte del espíritu y honestidad de los mejores tiempos de Público.

Sólo hay algo que me inquieta. No es suficiente. No es suficiente que periodistas que comprometen su dinero o el de sus familias puedan publicar reportajes de fondo una vez al mes mientras buscan o llevan a cabo otros trabajos. No es suficiente una segunda mirada a la actualidad cuando es la primera la que también necesita reforzarse con lo más básico: noticias. Noticias redactadas por periodistas a los que les gusta lo que hacen, son remunerados por ello y tienen algo de tiempo para investigar, reunirse con las personas indicadas y centrarse en un campo concreto de la actualidad a cambio de cubrirlo bien y conseguir información nueva y relevante. Cada vez hay más información pública, es importante lo que digan en público los poderosos, deben aprovecharse las filtraciones… pero faltan noticias, muy probablemente porque son más caras.

En eso, las publicaciones en papel se parecen a otras que han salido en internet, ya que cuentan con pocas personas y en ocasiones están muy mal pagadas. Son soplos de aire fresco que per se no pueden convertirse en corrientes, por muy esperanzador que sea su existencia.

Sin embargo, por algún lugar hay que empezar a intentarlo. Y llegan en un momento en el que cada vez hay más publicaciones en internet, muchas de ellas muy interesantes. Algunos ejemplos son El Huffington Post (donde trabajo), Materia, Zoom News, El Diario o InfoLibre. Este último también tendrá una pata en unos kioskos que, por ahora, ya lucen de otra manera.

 


De Bruselas a otra aventura

Vista de la torre del Ayuntamiento desde Mont des Arts.

Ni citaré a Jacques Brel ni a Jean Monnet. Sólo cinco cosas que he aprendido tras casi cuatro años como corresponsal en Bruselas:

Bruselas es nuestro Washington. Nunca ha sido tan patente como ahora, pero tampoco es nuevo sino producto de una progresión constante. Tras los estereotipos de ciudad aburrida y llena de funcionarios que se dedican a asuntos irrelevantes a cambio de mucho dinero se encuentra el verdadero centro de poder en Europa. Y nos conviene que funcione bien, porque lo cierto es que aunque otra Europa es posible (igual que ‘otra Galicia’ u ‘otra España’ siempre son posibles), el proceso de integración comunitaria es irreversible. Un experimento histórico cuyo coste de oportunidad es incalculable.

Las posibilidades para el periodismo son infinitas. Nunca se acaban. Nunca. Quizás por eso los grandes medios y agencias tienen a corresponsales especializados por temas. Como periodista, cubrir “España” es misión imposible (¿por dónde empiezas?) y lo mismo ocurre con la Unión Europea, donde lo único que hace falta es tiempo y ganas. Lo demás suele estar al alcance de la mano. Una reforma legal importante que pasa sin pena ni gloria porque nadie se entera, una de esas personas interesantes y entrevistables que pasan por Bruselas a diario y por centenares, la evolución del continente que cada vez se parece más a un ser vivo de extremidades descoordinadas. Poder tener los ojos abiertos mientras eso pasa delante de ti es una escuela impagable.

Es la capital de Bélgica. Puede parecer una obviedad, pero es uno de sus encantos. Es la Jerusalén de dos lenguas, culturas y emplazamientos contrapuestos. Siempre en escrutinio, en conflicto más o menos soterrado. Siempre ingobernable. Un Estado que se interroga constantemente y en ocasiones hasta el surrealismo; en permanenete redefinición. Eso hace de Bruselas una ciudad por veces esquizofrénica, pero también un terreno de cultivo para ideas y artes y donde no saber qué lengua utiliza tu interlocutor desconocido es el comienzo de casi todo.

No es aburrida, pero sí muy gris. Gris por el cielo permanentemente encapotado, pese a las primaveras. Gris por la suciedad de sus calles, lejos de ese ideal de autoridad que en España se conoce como “Europa”. Gris por la inevitabilidad de la burocracia o la mediocridad de algunos líderes aupados por las capitales. Pero no aburrida. Culturalmente es una ciudad vibrante y llena de oportunidades por lo heterogéneo de sus habitantes. Para todo lo demás, cerveza belga o dos horas en tren y avión a cualquier otra capital europea.

Tiene unos corresponsales cojonudos. El barrio europeo es pequeñito y navegable. No es Washington o París, donde mucha información llega por la televisión de noticias las 24 horas o a través de reportajes solitarios. En Bruselas hay mucho de lo segundo (en función del tiempo), pero también un contacto diario con compañeros del que se aprende constantemente.

Es, como siempre, lo último lo que hace que los cambios sean difíciles de digerir. Me voy a Madrid, tras cinco años en el extranjero, para fundar junto a un equipo excepcional un nuevo medio y probar formatos de futuro. Me voy a intentar construir algo a una ciudad que me recibe con los brazos abiertos, pero llena de pesimismo. Convencido como el primer día de que es posible contar historias allí donde suceden, vivir de ello y ser útil a una sociedad cada vez más huérfana. Consciente del privilegio del que disfruto, de lo mucho que queda por experimentar en internet y de que en una sociedad en crisis hay que practicar al máximo el criterio.

(Si este viernes 11 estás en Bruselas, tómate una copa conmigo. Para todo lo demás (ideas, contacto, preguntas) estoy en daniel [arroba] basteiro.com)


Bruselas da un respiro estadístico al Gobierno

De Guindos y Venizelos, el ministro de Economía griego | Consejo

Sólo una hipótesis servía al Gobierno y se ha hecho realidad. Eurostat, la oficina estadística comunitaria, confirmó este lunes la cifra de déficit de 2011 de España: un 8,5% en relación al PIB en 2011. Se trata del tercer déficit más abultado de la Unión Europea, tras el de Irlanda (13,1%) y Grecia (9,1%). La media de la eurozona se sitúa en el 4,1%.

La cifra es en sí una mala noticia, ya que confirma una desviación de 2.500 millones de euros respecto al objetivo previsto y supone un doloroso incentivo para los recortes que con tanto empeño está llevando a cabo el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Sin embargo, sabe a gloria porque no destapa ningún gasto oculto y compensa la falta de credibilidad estadística del Gobierno. El anterior pronosticó un 6% y las comunidades autónomas lo dispararon hasta el 8,51%. El actual Ejecutivo anunció en diciembre en torno a un 8% y acabó revisando al alza su propia cifra.

Los datos de Eurostat habían sido presentado por la Comisión Europea con mucha pompa y suspense. No en vano, era una de las pruebas clave que España tenía que superar para evitar una intervención total de sus cuentas públicas y la maldita lluvia de millones que deja a un país fuera de la circulación de la financiación.

La noticia también acaba con los rumores, extendidos por medios como la agencia Reuters en notas como esta, en los que se citaba a varias fuentes que aseguraban, siempre desde el anonimato, que el Gobierno había inflado sus cifras de 2011 para verse legitimado en sus ajustas y para que el recorte de 2012 supiera a más.

A los defensores de esta teoría siempre les resta la posibilidad de consolarse diciendo que la cifra de Eurostat está maquillada para evitar un rescate. Lo cierto es que un déficit menor del 8,51% certificado por el Gobierno acabaría con la credibilidad del propio Gobierno y con la de los técnicos que elaboran las estadísticas. Metería a España de lleno en la senda trazada por Grecia, que durante años mintió sobre su gasto público en los datos que remitía a Bruselas. Por otra, si la cifra superaba el 8,51%, la credibilidad de las estadísticas quedaría también tocada y el Gobierno tendría que anunciar aún más recortes.

Todos esos escenarios, ahora descartados, provocarían una enésima y quizás letal tormenta en los mercados. El alivio, aunque grande, no es definitivo. La Comisión Europea todavía puede proponer que se imponga una multa a España por el desvío (de 2,5 puntos respecto a lo comprometido) y todavía no ha emitido su veredicto sobre los presupuestos, que sigue estudiando al tiempo que pide mano dura para las comunidades autónomas. En las próximas semanas, España todavía tiene muchas pruebas que superar.


Laszlo Andor: Ante un paro “inaceptable”, emigrar es “parte de la solución”

El comisario de Empleo, Laszlo Andor, en un encuentro con estudiantes europeos el año pasado

He aquí un comisario poco al uso. Reclama no recortar en Sanidad y Dependencia y considerar a esos sectores no como un lastre, sino como un mercado laboral en expansión. Pide reforzar el papel de los empresarios, salarios mínimos dignos, bonificaciones a la contratación de jóvenes e inversión en educación y reciclaje.

Como contamos en la entrevista y artículo que publicamos hoy en La Voz de Galicia, Laszlo Andor es el verso suelto de una Comisión rendida a la austeridad y los recortes. Puedes leer la entrevista aquí y el artículo sobre sus propuestas, todavía no desveladas, aquí. Al tratarse de La Voz de Galicia, el periódico con el que comencé a leer prensa, me hace una especial ilusión destacarlo en el blog.


El ser o no ser de Rajoy en Europa

Rajoy, firmando el tratado de austeridad antes de anunciar su incumplimiento a la prensa.

La nota de los dos principales exámenes de Mariano Rajoy en Europa se conocerá este viernes en dos ciudades distintas. En Madrid, el Gobierno presenta sus presupuestos para 2012, unas cuentas públicas que no entrarán en vigor hasta mediados de año y que incluirán un nuevo gran recorte. En Copenhague, el ministro de Economía, Luis de Guindos, está invitado a explicarlas en una reunión de ministros de Economía del euro que también debatirá sobre la cascada de cargos europeos vacantes.

Rajoy se juega muchas más cosas en Bruselas, porque es en la capital de la UE, cuando no en Berlín, donde se marcan las pautas económicas de asuntos como la reestructuración del sistema bancario o la reforma laboral. Sin embargo, los exámenes de la austeridad y los cargos servirán como termómetro perfecto para aclarar si Rajoy es capaz de mantener una versión tamizada de la voluntad de tomar decisiones en Europa, expresada en campaña electoral, o se resigna a aplicarlas, como hizo el anterior Gobierno.

Rajoy logró, a pesar de un desgaste innegable de su imagen pública, un éxito relativo al lograr que se flexibilizasen los objetivos de déficit este año en nueve décimas. El coste fue tragarse sus palabras y el objetivo de déficit anunciado unilateralmente, “una decisión soberana que toman los españoles”, según él, pero que al final enmiendan los alemanes. Rajoy arañó una suavización que otros países no tardarán en plantear y que ha puesto nerviosos a los países satélite de Alemania, todavía más obsesionados con la austeridad. Si Rajoy no hubiese entrado en el Consejo Europeo como un elefante en una cacharrería, las nueve décimas obtenidas al margen de todo proceso formal le hubieran sabido a gloria. Como quiso imponer 1,4 puntos, su autonomía se vio mermada.

Ahora no se trata ya de la propia credibilidad personal de Rajoy sino del lugar de España en Europa. El pacto no escrito que daba a España un puesto en el directorio del BCE se ha roto. De los seis miembros del Consejo Ejecutivo del BCE, cuatro pertenecen todavía a los grandes países del euro: Alemania, Francia, Italia y España. Sin embargo, el relevo de José Manuel González Páramo en la institución será con toda probabilidad el prestigioso gobernador central Yves Mersh, de Luxemburgo. “Que el banco tenga un presidente italiano [Mario Draghi] y un vicepresidente portugués [Vitor Constancio] es lo que sobre todo resta posibilidades a España”, razona un alto funcionario comunitario. “Pero también el perfil del candidato español [Antonio Sáinz de Vicuña], que lleva muchísimos años en el banco central, y tiene mucho prestigio como jurista económico, pero no es experto en política monetaria”, señalaba esta semana la misma fuente.

Mantener a un vigía en el directorio que lleva el día a día de la institución es clave tanto por su valor en sí como porque pone a prueba la capacidad diplomática del Gobierno. Le asegura a España voz en un foro privilegiado y serviría en estos momentos como recordatorio: España sigue siendo uno de los cuatro grandes países del euro. Sin embargo, la coincidencia del relevo en otros tres cargos ha servido como excusa perfecta para dar a España un puesto de consolación. Perdido el BCE, España no puede aspirar a la presidencia del Eurogrupo (a cuyo presidente, Jean-Claude Juncker, se le acaba el mandato), pero sí a la gerencia del fondo de rescate del euro, un órgano carente de cualquier perfil político y que está al dictado de los ministros de Economía.

Un éxito relativo de la capacidad personal de maniobra de Rajoy, siempre condicionado por el cumplimiento de los nuevos objetivos de déficit, difícilmente se compensa con una pérdida objetiva de poder económico en la eurozona, por lo que el presidente del Gobierno podría no salir muy airoso de sus primeros envites europeos. En dos días lo sabremos.


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