Jóvenes, Europa no puede arreglarlo todo

Barnier

-¿Qué motivo tiene un joven español para creer en Europa? ¿Qué le dice a los que no encuentran trabajo?

Lo primero que les diría es que no se puede pedir a Europa que lo arregle todo. No somos una nación europea, no hay un pueblo europeo. Hay pueblos nacionales con identidades y reglas. La aspiración [de la UE] de paz y democracia ha sido llevada a cabo. Muy cerca de nosotros, donde no hay UE, como en los Balcanes, a menudo hay guerras y muy poco habitualmente democracia. Les digo a los jóvenes: utilizad este espacio que es la UE para estudiar, visitad distintos países, vivid experiencias, cread una empresa, aprovechad el mercado de 500 millones de consumidores. Les pido a los jóvenes que vean el resto del mundo: es frágil, inseguro, inestable. ¿Cómo podemos defender nuestros valores en el mundo si nos replegamos en nuestras fronteras? Si no estamos juntos, dejaremos de existir.

Entrevista a Michel Barnier, aspirante a presidir la Comisión Europea. Más, aquí


Así chantajeamos a Merkel

Mario Monti se ha pasado media vida en política, pero sólo el año pasado se presentó a unas elecciones. Y perdió estrepitósamente al lograr tan solo un 10,5% de los votos. Il professore es bueno en los despachos, en las conferencias, donde se ha pasado toda su carrera. Dos veces comisario y una primer ministro de Italia sin ser votado por sus conciudadanos.

En esa habilidad táctica que lo convirtió en temido comisario europeo de Competencia (no sin posteriores jarros de agua fría) se inscribe el chantaje que hizo a Merkel en una madrugada en Bruselas.

Esta semana, en Madrid, ha contado la cocina de esa decisión, en la que participó Mariano Rajoy, en una entrevista con El Huffington Post y El País:

Mario Draghi necesitó un puñado de palabras para conseguir el desplome de la prima de riesgo de España e Italia. Para allanarle el terreno, otro italiano de nombre Mario, pero de apellido Monti, necesitó meses de intrigas políticas que desembocaron en un chantaje de madrugada a la todopoderosa Angela Merkel.

“Fueron negociaciones muy duras”, según Monti (Varese, Italia, 1943), en referencia a la cumbre europea de junio de 2012. “La noche anterior, Rajoy y yo bloqueamos el acuerdo para el crecimiento”, relata, a cambio de una declaración que comprometía a los líderes a estabilizar los mercados.

Puedes leerla entera aquí.


Malta: pasión por la política

Muscat

Una de las cosas que más me sorprenden cuando voy a Malta es la pasión por la política de sus habitantes. A veces me digo que tiene mucho que ver con las personas con las que me relaciono, pero en realidad no es sólo una percepción aislada. La participación en las elecciones generales celebradas este sábado fue del 93% y los ganadores se pasaron celebrándolo dos días, comenzando por la paralización del país nada más conocer el resultado y siguiendo por las fiestas espontáneas en varias ciudades.

Esa pasión por la política tiene sus riesgos. Un gran número de políticos, una excesiva polarización y en muchas ocasiones desprecio por el rival son parte del juego. Al mismo tiempo, la importancia de la política en la sociedad no ha servido para modernizar el país hasta hace poco. Un país que recibe cada año miles de turistas y estudiantes de inglés, cuyos ciudadanos viajan al resto de Europa con asiduidad… no aprobó la ley del divorcio hasta 2011, y por la mínima.

Es sólo un ejemplo de lo interesante que es Malta. No por pequeño deja de ser un lugar al que mirar en busca de asuntos sobre los que aprender. Que siempre estén envueltos en cierto exotismo no los menosprecia, sino que les añade atractivo. Según una teoria del periodismo, sólo nos interesa lo que nos toca de cerca o lo que es muy exótico.

En El Huffington Post he intentado explicar el contexto y los últimos acontecimientos relevantes. Mi último artículo es sobre la victoria del laborista Joseph Muscat, su estilo, deliberadamente similar al de la campaña de Obama en 2008 y cómo ha logrado romper ciertas barreras:

Tiene 39 años recién cumplidos, promete una esperanzadora renovación de la manera de hacer política y hasta tiene su particular “Yes, we can”. Si buscan un Barack Obama en Europa, deben saber que los ciudadanos de Malta ya han encontrado al suyo. Se llama Joseph Muscat y este sábado fue elegido primer ministro, el más joven desde que el país de 413.000 habitantes logró su independencia del Reino Unido en 1964.

La victoria para el Partido Laborista, que Muscat (en la foto) lidera desde 2008, no tiene precedentes. Nunca en la historia del país un partido había logrado una ventaja de 11 puntos sobre el rival. Los laboristas, que apenas recuerdan los dos únicos y malogrados años de Gobierno en el último cuarto de siglo (1996-98), salieron a celebrarlo durante dos días. Dos días completos en los que en algunos barrios no se pudo dormir y donde camiones o furgonetas circulaban de un lado a otro, maltratando la bocina, cargados de gente y banderas, para celebrar un triúnfo electoral.

La otra crónica, más informativo, versa sobre el resultado electoral y se suma a las publicadas hace años en Público sobre el divorcio (aquí puedes ver una y aquí otra).


Buenas noticias escritas en un papel

Cuando irrumpió internet y el hecho de publicar se convirtió en algo universal, sencillo y sin la tradicional carga de trascendencia, comenzaron las predicciones sobre la extinción del papel. Las hay para todos los gustos, para los más pacientes y los más ansiosos. El fin de la prensa en papel puede llegar y, de hecho, la nueva manera en la que accedemos a la información parece ponernos en camino, algo que ha forzado la reorganización de los medios de comunicación tradicionales.

Pese al clima, no han dejado de aparecer medios impresos. Tras la crisis (en este caso la económica) y en parte la estela dejada por Público, el último gran diario de papel en España, han surgido otros nuevos. La Marea, Alternativas Económicas o Líbero son sólo algunos ejemplos. En realidad, desafían muchos más tópicos y profecías que la del fin del papel. Son analíticos y contienen artículos de fondo, más largos que un tuit y con mucha más miga que un titular bien posicionado en Google. Sienten que a pesar de internet, hay una falta de escrutinio sobre ciertos aspectos de la sociedad y creen que ciertos temas no son tratados con amplitud por los medios que ya existen. Son publicaciones periódicas para una sociedad hiperconectada. La propiedad no está globalizada, ni se vende en paquetes de activos de riesgo, sino que en parte o mayoritariamente pertenece a la redacción, que considera esa titularidad tan preciada como inevitable. Se dirigen a ciudadanos pidiéndoles no sólo su atención, sino su compromiso con su manera de hacer periodismo. Curiosamente, y a pesar de internet, que democratizó el acceso y uso conjunto de potentes herramientas de publicación, el acuerdo de estos periodistas ha sido para expresarse con libertad en papel y a través de modelos del ámbito cooperativo.

Son buenas noticias.

Nuevas publicaciones

No sé si estos u otros ejemplos prosperarán, si mantendrán sus principios en caso de despertar el interés de un gran inversor o si acertarán apostando por el papel. Ni son mejores ni siguiera más dignos que otros modelos de negocio en internet, impulsados por grandes grupos de comunicación o con estructuras más tradicionales. Son oxígeno. Demuestran el compromiso social de muchos periodistas que es razonable reconocer. En ese sentido, son alentadores casos como el de Andreu Missé, director de Alternativas Económicas, inquieto y apasionado de la economía y Europa, que con su equipo ha logrado sacar un primer número lleno de información relevante, contexto y, sobre todo, datos. También La Marea está ofreciendo un punto de vista diferente, heredero en parte del espíritu y honestidad de los mejores tiempos de Público.

Sólo hay algo que me inquieta. No es suficiente. No es suficiente que periodistas que comprometen su dinero o el de sus familias puedan publicar reportajes de fondo una vez al mes mientras buscan o llevan a cabo otros trabajos. No es suficiente una segunda mirada a la actualidad cuando es la primera la que también necesita reforzarse con lo más básico: noticias. Noticias redactadas por periodistas a los que les gusta lo que hacen, son remunerados por ello y tienen algo de tiempo para investigar, reunirse con las personas indicadas y centrarse en un campo concreto de la actualidad a cambio de cubrirlo bien y conseguir información nueva y relevante. Cada vez hay más información pública, es importante lo que digan en público los poderosos, deben aprovecharse las filtraciones… pero faltan noticias, muy probablemente porque son más caras.

En eso, las publicaciones en papel se parecen a otras que han salido en internet, ya que cuentan con pocas personas y en ocasiones están muy mal pagadas. Son soplos de aire fresco que per se no pueden convertirse en corrientes, por muy esperanzador que sea su existencia.

Sin embargo, por algún lugar hay que empezar a intentarlo. Y llegan en un momento en el que cada vez hay más publicaciones en internet, muchas de ellas muy interesantes. Algunos ejemplos son El Huffington Post (donde trabajo), Materia, Zoom News, El Diario o InfoLibre. Este último también tendrá una pata en unos kioskos que, por ahora, ya lucen de otra manera.

 


De Bruselas a otra aventura

Vista de la torre del Ayuntamiento desde Mont des Arts.

Ni citaré a Jacques Brel ni a Jean Monnet. Sólo cinco cosas que he aprendido tras casi cuatro años como corresponsal en Bruselas:

Bruselas es nuestro Washington. Nunca ha sido tan patente como ahora, pero tampoco es nuevo sino producto de una progresión constante. Tras los estereotipos de ciudad aburrida y llena de funcionarios que se dedican a asuntos irrelevantes a cambio de mucho dinero se encuentra el verdadero centro de poder en Europa. Y nos conviene que funcione bien, porque lo cierto es que aunque otra Europa es posible (igual que ‘otra Galicia’ u ‘otra España’ siempre son posibles), el proceso de integración comunitaria es irreversible. Un experimento histórico cuyo coste de oportunidad es incalculable.

Las posibilidades para el periodismo son infinitas. Nunca se acaban. Nunca. Quizás por eso los grandes medios y agencias tienen a corresponsales especializados por temas. Como periodista, cubrir “España” es misión imposible (¿por dónde empiezas?) y lo mismo ocurre con la Unión Europea, donde lo único que hace falta es tiempo y ganas. Lo demás suele estar al alcance de la mano. Una reforma legal importante que pasa sin pena ni gloria porque nadie se entera, una de esas personas interesantes y entrevistables que pasan por Bruselas a diario y por centenares, la evolución del continente que cada vez se parece más a un ser vivo de extremidades descoordinadas. Poder tener los ojos abiertos mientras eso pasa delante de ti es una escuela impagable.

Es la capital de Bélgica. Puede parecer una obviedad, pero es uno de sus encantos. Es la Jerusalén de dos lenguas, culturas y emplazamientos contrapuestos. Siempre en escrutinio, en conflicto más o menos soterrado. Siempre ingobernable. Un Estado que se interroga constantemente y en ocasiones hasta el surrealismo; en permanenete redefinición. Eso hace de Bruselas una ciudad por veces esquizofrénica, pero también un terreno de cultivo para ideas y artes y donde no saber qué lengua utiliza tu interlocutor desconocido es el comienzo de casi todo.

No es aburrida, pero sí muy gris. Gris por el cielo permanentemente encapotado, pese a las primaveras. Gris por la suciedad de sus calles, lejos de ese ideal de autoridad que en España se conoce como “Europa”. Gris por la inevitabilidad de la burocracia o la mediocridad de algunos líderes aupados por las capitales. Pero no aburrida. Culturalmente es una ciudad vibrante y llena de oportunidades por lo heterogéneo de sus habitantes. Para todo lo demás, cerveza belga o dos horas en tren y avión a cualquier otra capital europea.

Tiene unos corresponsales cojonudos. El barrio europeo es pequeñito y navegable. No es Washington o París, donde mucha información llega por la televisión de noticias las 24 horas o a través de reportajes solitarios. En Bruselas hay mucho de lo segundo (en función del tiempo), pero también un contacto diario con compañeros del que se aprende constantemente.

Es, como siempre, lo último lo que hace que los cambios sean difíciles de digerir. Me voy a Madrid, tras cinco años en el extranjero, para fundar junto a un equipo excepcional un nuevo medio y probar formatos de futuro. Me voy a intentar construir algo a una ciudad que me recibe con los brazos abiertos, pero llena de pesimismo. Convencido como el primer día de que es posible contar historias allí donde suceden, vivir de ello y ser útil a una sociedad cada vez más huérfana. Consciente del privilegio del que disfruto, de lo mucho que queda por experimentar en internet y de que en una sociedad en crisis hay que practicar al máximo el criterio.

(Si este viernes 11 estás en Bruselas, tómate una copa conmigo. Para todo lo demás (ideas, contacto, preguntas) estoy en daniel [arroba] basteiro.com)


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