La canción del verano

Sócrates, todavía primer ministro (derecha), se enfrenta a un escándalo electoral por espionaje institucional.

Sócrates, el primer ministro (derecha), afronta un escándalo electoral por espionaje institucional.

Estos días, estar en Portugal es como estar en casa. No por los turistas españoles, los asesinos de sus cada vez más escasos compatriotas viajeros. A falta de una canción del verano en discotecas y bares, Portugal se ha contagiado del deporte político que acapara titulares en la prensa del país vecino. En Portugal también hay espías y acusaciones sin pruebas. “Asfisia democrática”. Y parece que también calan.

El Partido Socialista (PS) de José Sócrates, que probablemente perderá la mayoría en las elecciones generales del próximo mes, criticó que varios asesores de Aníbal Cavaco Silva, el conservador presidente de la República del Partido Social-demócrata (PSD), estaban colaborando en la redacción del programa electoral de su rival por la jefatura de Gobierno, Manuela Ferreira Leite.

Sorprendido, un asesor de Cavaco Silva confesó anónimamente que si los socialistas sabían a qué dedican el tiempo libre es porque el Gobierno espía con regularidad al presidente de la República, a sus colaboradores y sus actividades.

No hay pruebas. Cavaco Silva mantiene un criticado silencio y Sócrates, lejos de tomárselo en serio, habla de “disparates de verano”.

La trama portuguesa (probablemente tan artificial como la española) es más grave que la española, pero tiene menos glamour. El 27 de septiembre hay elecciones a la Asamblea de la República y la bola de nieve comenzó, además de sin pruebas, con una denuncia anónima que el jefe de Estado, amparándose en su papel de árbitro, no ha querido respaldar. Es más tosca porque no nace de una trama de bolsos y trajes, continuada con vídeos desde la playa o chiringuitos o la lectura creativa de la prensa.

Sin embargo, la verdadera conspiración es más amplia. En el ajo están todos. Medios de comunicación que no escatiman páginas estivales al servicio de una denuncia anónima. El PSD, el partido conservador, que no se desmarca pero no da más pasos, probablemente porque caería al vacío. Los socialistas, que confían en que el escándalo explote como un boomerang en la cara de la candidata rival al tiempo que aleja el debate político de la situación económica y el balance del Gobierno. Muchos espías, pocos expían. ¿Les suena?