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Franco, honrado en casa de “don Manuel”

Fraga, el conselleiro y el pregonero (sentado)

Fraga, el conselleiro y el pregonero (sentado) |

Podría ser un pregón más. Es decir, el inicio discreto de las fiestas de San Ramón que Vilalba (Lugo) celebra a caballo entre agosto y septiembre. Podría ser el discurso interminable de casi todos los años, en el moderno auditorio poblado por vecinos vestidos de domingo que cuchichean sobre la idoneidad de tal o cuál dama de honor. Podría ser el discurso lleno de “recuerdo cuando” o “antes, cuando era joven”. El homenaje a las tradiciones e historia local que siempre se le encarga a alguien famoso que nació en el pueblo pero emigró, curiosamente sin regresar muy a menudo a su tierra. Siempre con Manuel Fraga, “don Manuel”, el alcalde y algún miembro de la Xunta presentes, luchando tanto como los miembros de la sufrida banda de música por permanecer despiertos.

Sin embargo, este año se recordó con una nostalgia inaudita a la figura del “generalísimo”, a quien el pregonero, el periodista Antonio Domínguez Olano, llama “don Francisco Franco Bahamonde”. El encargado de inaugurar las fiestas del pueblo de Fraga o Rouco Varela no tuvo reparos en acordarse públicamente de los “paseos” o de las placas en honor al dictador. Ni se despeinó al referirse al dictador por los términos impuestos por el régimen. Todo ello en un discurso caótico y difícil de seguir que dejó en un segundo plano las anécdotas sobre su juventud en el pueblo.

Los medios locales optaron por silenciar el homenaje público y se limitaron a sumarse a los continuos elogios de Domínguez Olano a Fraga, con quien Vilalba y España están para él en deuda. Tampoco faltaron en el discurso los elogios al antiguo presidente del Parlamento de Galicia (también vilalbés, también del PP), su hijo (concejal de Cultura), el alcalde (que logró otra mayoría absoluta más para el mismo partido en las últimas elecciones) o el cardenal de Madrid.

Algunos de los habituales a la cita pusieron mala cara. “Creo que nunca se hicieron referencias a Franco en estos términos”, me comentó a la salida uno de ellos. “Es una pena que se estropee el inicio de las fiestas de esta manera y que no pase nada”, lamentaba otro. No obstante, la elección del pregonero, prerrogativa del gobierno municipal, produjo también muchas sonrisas nostálgicas y algún que otro aplauso espontáneo.

Lo grave, más allá de la falta de transparencia en la elección del pregonero, no es que el ilustre vilalbés, que casi siempre lleva décadas fuera de Galicia, pueda decir lo que quiera. Eso es deseable. Lo grave es que se utilice un acto público, institucional pero puramente ornamental, para infectarlo con términos políticos y retórica franquista. Todo ello aderezado con adulaciones sin pudor siempre a los mismos, siempre segundos antes de cantar el himno gallego, que es de todos.

Quizás lo peor sea la satisfacción de algunos (no pocos) de los presentes y su reflejo inexistente al día siguiente en la prensa. Los que aplauden estos homenajes demuestran una democracia mal asumida, que consiste en utilizar la libertad de expresión en actos públicos como un altavoz para la morriña de tiempos pasados que, por supuesto, siempre fueron mejores. Un preámbulo perfecto para que las fiestas locales se desarrollen, como siempre, en un clima de “extraordinaria placidez”.

Foto: María López (La Voz de Galicia)


El fado de hoy

Amália Hoje

Coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Amália Rodrigues, “la voz de Portugal”, la artista internacionalizadora del fado, el grupo Hoje se propuso recuperar varios de sus temas más conocidos y adaptarlos a la sonoridad y estructura pop. El resultado es un gran éxito en Portugal y este verano los cuatro músicos del grupo no descansan entre concierto y concierto. “Amália fue la primera y tal vez la única artista pop que Portugal ha tenido”, asegura Nuno Gonçalves, el padre del proyecto. Para él, pop significa sin fronteras, y las texturas que se esconden detrás de las canciones que cantaba la fadista hay “mucho más” que “dos guitarras y un vestido negro”.

Amália (sempre)

La gran fadista sigue, sin embargo, presente en cada rincón de Lisboa, donde siempre vivió en medio de sus viajes. Su casa, cerquita del palacio de la Asamblea de la República, es hoy un museo. Su tumba, una de las pocas en un Panteón Nacional de sarcófagos vacíos, tiene siempre flores frescas dejadas por sus admiradores, más bien maduros, que besan el mármol frío con los ojos cerrados. Un museo del fado, su eco en los fadistas turísticos del barrio de Alfama o su recuperación como icono kitsch en bares de copas completan el homenaje. En Lisboa, el sabor dulzón de los fados de Amália se confunde con los efluvios del Tajo que infectan la ropa eternamente tendida en sus calles.



La canción del verano

Sócrates, todavía primer ministro (derecha), se enfrenta a un escándalo electoral por espionaje institucional.

Sócrates, el primer ministro (derecha), afronta un escándalo electoral por espionaje institucional.

Estos días, estar en Portugal es como estar en casa. No por los turistas españoles, los asesinos de sus cada vez más escasos compatriotas viajeros. A falta de una canción del verano en discotecas y bares, Portugal se ha contagiado del deporte político que acapara titulares en la prensa del país vecino. En Portugal también hay espías y acusaciones sin pruebas. “Asfisia democrática”. Y parece que también calan.

El Partido Socialista (PS) de José Sócrates, que probablemente perderá la mayoría en las elecciones generales del próximo mes, criticó que varios asesores de Aníbal Cavaco Silva, el conservador presidente de la República del Partido Social-demócrata (PSD), estaban colaborando en la redacción del programa electoral de su rival por la jefatura de Gobierno, Manuela Ferreira Leite.

Sorprendido, un asesor de Cavaco Silva confesó anónimamente que si los socialistas sabían a qué dedican el tiempo libre es porque el Gobierno espía con regularidad al presidente de la República, a sus colaboradores y sus actividades.

No hay pruebas. Cavaco Silva mantiene un criticado silencio y Sócrates, lejos de tomárselo en serio, habla de “disparates de verano”.

La trama portuguesa (probablemente tan artificial como la española) es más grave que la española, pero tiene menos glamour. El 27 de septiembre hay elecciones a la Asamblea de la República y la bola de nieve comenzó, además de sin pruebas, con una denuncia anónima que el jefe de Estado, amparándose en su papel de árbitro, no ha querido respaldar. Es más tosca porque no nace de una trama de bolsos y trajes, continuada con vídeos desde la playa o chiringuitos o la lectura creativa de la prensa.

Sin embargo, la verdadera conspiración es más amplia. En el ajo están todos. Medios de comunicación que no escatiman páginas estivales al servicio de una denuncia anónima. El PSD, el partido conservador, que no se desmarca pero no da más pasos, probablemente porque caería al vacío. Los socialistas, que confían en que el escándalo explote como un boomerang en la cara de la candidata rival al tiempo que aleja el debate político de la situación económica y el balance del Gobierno. Muchos espías, pocos expían. ¿Les suena?