Los irlandeses comienzan a desconfiar

¿Votaron "quizás" los irlandeses en 2008?

¿Votaron "quizás" los irlandeses en 2008?

Parecía una victoria indiscutible. Un año después de que los irlandeses dijeran no al Tratado de Lisboa (que transformará lo que hoy conocemos como Unión Europea), el apoyo al texto cae. Sólo un 46% piensa en votar “sí”, un 29% dice que dirá “no” y un 25% asegura que todavía no lo sabe.

Quizás los ciudadanos de ese país se hayan dado cuenta de que les presentan exactamente lo mismo que rechazaron el año pasado. O que hayan contemplado cómo Bruselas ha declinado el diseño un “plan b” por si las urnas tumban sus planes de futuro.

No está claro si por miedo real a un segundo rechazo popular o para animar la campaña, Dublín se ha encargado hoy de sembrar el pesimismo. La “campaña será un reto”, asegura el jefe de la diplomacia irlandesa, que ahora habla de”no hacerse ilusiones porque va aser una campaña que habrá que pelear”. La estrategia es clara: si los irlandeses no sienten que hay algo en juego, si no se consigue hacer del tema un asunto que importe, probablemente sólo vayan a votar los del “no”, verdaderamente empeñados en tumbar el tratado. Los odios generan más votos que la pasión por la bandera de las doce estrellas.

¿Por qué iba a interesar el tratado a los irlandeses? Según los diplomáticos europeos, porque se juegan su futuro en la UE. Con un 12,4% de paro, la mayor cifra en 14 años, y un déficit que según Bruselas llegará al 15,6% del PIB en 2010, Irlanda no necesita aún peor prensa en el centro de decisión económica del continente.

Foto: Flashboy en Flickr (CC)


Si Europa fuese una ciudad

Europa como una ciudad (TD Architects)

Europa como una ciudad (TD Architects)

“Mientras que en 1950 diez de las 30 ciudades más grandes eran europeas, en 2015 sólo quedará París” en el ranking, recuerda Theo Deutinger en TD Architects, que ha creado un mapa de Europa como si fuera un plano de una ciudad. Además de un ejercicio visual, el mapa le sirve al autor para reflexionar que, con ciudades y países en el resto de continentes que aumentan su población exponencialmente, a Europa sólo le queda una alternativa si quiere seguir contando en el tablero global: actuar como una ciudad continental.

En la misma web, a la que llego gracias a dos posts de Kosmopolito, encuentro el retrato robot de un europeo de hoy. Ikea, Skype, HyM o Easy Jet han revolucionado, en muy poco tiempo, la manera de comprar de unos europeos que, sin intervención institucional, encuentran en las grandes cadenas multinacionales un sentimiento de comunidad global.

Retrato robot de un europeo (TD Architects)

Retrato robot de un europeo (TD Architects)


Franco, honrado en casa de “don Manuel”

Fraga, el conselleiro y el pregonero (sentado)

Fraga, el conselleiro y el pregonero (sentado) |

Podría ser un pregón más. Es decir, el inicio discreto de las fiestas de San Ramón que Vilalba (Lugo) celebra a caballo entre agosto y septiembre. Podría ser el discurso interminable de casi todos los años, en el moderno auditorio poblado por vecinos vestidos de domingo que cuchichean sobre la idoneidad de tal o cuál dama de honor. Podría ser el discurso lleno de “recuerdo cuando” o “antes, cuando era joven”. El homenaje a las tradiciones e historia local que siempre se le encarga a alguien famoso que nació en el pueblo pero emigró, curiosamente sin regresar muy a menudo a su tierra. Siempre con Manuel Fraga, “don Manuel”, el alcalde y algún miembro de la Xunta presentes, luchando tanto como los miembros de la sufrida banda de música por permanecer despiertos.

Sin embargo, este año se recordó con una nostalgia inaudita a la figura del “generalísimo”, a quien el pregonero, el periodista Antonio Domínguez Olano, llama “don Francisco Franco Bahamonde”. El encargado de inaugurar las fiestas del pueblo de Fraga o Rouco Varela no tuvo reparos en acordarse públicamente de los “paseos” o de las placas en honor al dictador. Ni se despeinó al referirse al dictador por los términos impuestos por el régimen. Todo ello en un discurso caótico y difícil de seguir que dejó en un segundo plano las anécdotas sobre su juventud en el pueblo.

Los medios locales optaron por silenciar el homenaje público y se limitaron a sumarse a los continuos elogios de Domínguez Olano a Fraga, con quien Vilalba y España están para él en deuda. Tampoco faltaron en el discurso los elogios al antiguo presidente del Parlamento de Galicia (también vilalbés, también del PP), su hijo (concejal de Cultura), el alcalde (que logró otra mayoría absoluta más para el mismo partido en las últimas elecciones) o el cardenal de Madrid.

Algunos de los habituales a la cita pusieron mala cara. “Creo que nunca se hicieron referencias a Franco en estos términos”, me comentó a la salida uno de ellos. “Es una pena que se estropee el inicio de las fiestas de esta manera y que no pase nada”, lamentaba otro. No obstante, la elección del pregonero, prerrogativa del gobierno municipal, produjo también muchas sonrisas nostálgicas y algún que otro aplauso espontáneo.

Lo grave, más allá de la falta de transparencia en la elección del pregonero, no es que el ilustre vilalbés, que casi siempre lleva décadas fuera de Galicia, pueda decir lo que quiera. Eso es deseable. Lo grave es que se utilice un acto público, institucional pero puramente ornamental, para infectarlo con términos políticos y retórica franquista. Todo ello aderezado con adulaciones sin pudor siempre a los mismos, siempre segundos antes de cantar el himno gallego, que es de todos.

Quizás lo peor sea la satisfacción de algunos (no pocos) de los presentes y su reflejo inexistente al día siguiente en la prensa. Los que aplauden estos homenajes demuestran una democracia mal asumida, que consiste en utilizar la libertad de expresión en actos públicos como un altavoz para la morriña de tiempos pasados que, por supuesto, siempre fueron mejores. Un preámbulo perfecto para que las fiestas locales se desarrollen, como siempre, en un clima de “extraordinaria placidez”.

Foto: María López (La Voz de Galicia)


El fado de hoy

Amália Hoje

Coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Amália Rodrigues, “la voz de Portugal”, la artista internacionalizadora del fado, el grupo Hoje se propuso recuperar varios de sus temas más conocidos y adaptarlos a la sonoridad y estructura pop. El resultado es un gran éxito en Portugal y este verano los cuatro músicos del grupo no descansan entre concierto y concierto. “Amália fue la primera y tal vez la única artista pop que Portugal ha tenido”, asegura Nuno Gonçalves, el padre del proyecto. Para él, pop significa sin fronteras, y las texturas que se esconden detrás de las canciones que cantaba la fadista hay “mucho más” que “dos guitarras y un vestido negro”.

Amália (sempre)

La gran fadista sigue, sin embargo, presente en cada rincón de Lisboa, donde siempre vivió en medio de sus viajes. Su casa, cerquita del palacio de la Asamblea de la República, es hoy un museo. Su tumba, una de las pocas en un Panteón Nacional de sarcófagos vacíos, tiene siempre flores frescas dejadas por sus admiradores, más bien maduros, que besan el mármol frío con los ojos cerrados. Un museo del fado, su eco en los fadistas turísticos del barrio de Alfama o su recuperación como icono kitsch en bares de copas completan el homenaje. En Lisboa, el sabor dulzón de los fados de Amália se confunde con los efluvios del Tajo que infectan la ropa eternamente tendida en sus calles.