31E: Cinco conclusiones sobre la marcha de Podemos

Marcha por el Cambio Sol

Quien buscaba una traducción política más concreta del 15-M ha podido verla este sábado, de nuevo en la Puerta del Sol. La manifestación convocada por Podemos ha sido una calculada demostración de fuerza: la puesta a punto de un motor que pretende recorrer 2015 “sacando a la mafia de las instituciones”, en palabras de Íñigo Errejón, secretario de Política del partido. He tenido la oportunidad de seguirla desde la calle desde antes de que comenzara y cubrirla junto a mis compañeros de El Español. Estas son mis conclusiones:

1.- El tamaño importa. El perfil, también. La marcha de Podemos ha reunido a manifestantes de varias generaciones. No ha sido una manifestación copada por jóvenes idealistas o radicales. Tampoco la protagonizó una vieja guardia de la extrema izquierda, habitual de otras manifestaciones. La marcha es la demostración de que Podemos ha logrado ensanchar mucho su base social. Se reconoce en el 15-M, pero sólo como trampolín, porque los ‘podemistas’ son muchos más. A la calle han salido abuelos con sus nietos, universitarios y personas sin estudios. La diversidad del perfil es en sí misma valiosa, haya o no una guerra de cifras para concluir si los que acudieron representan a muchos o pocos en el conjunto de la sociedad.

2.- Más que un grito de protesta. Los dirigentes de Podemos han insistido mucho en que su movimiento no es sólo de protesta y choque, sino más bien un aviso de lo que le espera a lo que ellos consideran casta. En el discurso de los oradores (Errejón, Monedero, Bescansa o Iglesias) no ha faltado la autoafirmación y los mensajes positivos. “Soñamos, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños”, fue el eje del discurso de Podemos. La “sonrisa” y la “alegría” frente a la pesadumbre no faltaron en ninguna intervención. Se pueden ganar unas elecciones protestando, pero sin un mensaje positivo y de esperanza es mucho más difícil. El votante necesita creer.

3.- Nosotros, el pueblo; ellos, los enemigos. Es uno de los puntos más delicados del discurso de Podemos. Podemos ha renunciado a la etiqueta de partido de izquierdas. Errejón ha animado a cualquiera, venga “del PSOE o del PP”, a integrarse en su movimiento si comparte el espíritu de regeneración que busca una amplia mayoría de la sociedad (o el “pueblo”, o la “patria”, según Iglesias). Sin embargo, la retórica sigue siendo la de “nosotros” y “ellos”. Para Iglesias, Samaras y Rajoy son “delegados” de Merkel en Grecia y España. Para Podemos, hay que acabar con el actual sistema político aunque ese sistema político haya sido refrendado en las urnas por los ciudadanos en elecciones libres. Pese a los esfuerzos de Podemos por ensancharse, persiste el frentismo.

4.-Si Grecia puede, ¿España también? Fue una de las partes más aplaudidas del discurso de Pablo Iglesias. En una semana, Grecia ha paralizado privatizaciones, devuelto la electricidad a 300.000 hogares, la atención sanitaria a miles de griegos y la sensación de pertenencia al país a muchos inmigrantes, según reivindicó. Iglesias sabe que mirarse en Syriza es un arma de doble filo. En su Gobierno no hay mujeres, pero sí el líder de un partido de extrema derecha. Pero Syriza marca el camino de lo posible, enseña que los españoles “pueden hacer sus deberes”, según dijo. No se trata de una quimera sino de emular la gesta de Syriza y aplicarle gestos propios de España.

5.- La selección natural acecha al PSOE. Es difícil ver al PSOE organizando hoy una manifestación de estas características y, sobre todo, atrayendo tanto entusiasmo. Es la ley del más fuerte. O te adaptas, o sucumbes. La partida parece jugarse ya entre el PP y Podemos. Pablo Iglesias quiere parecerse cada vez más al Felipe González que capitaneó una nueva izquierda. Es muy pronto para aventurar si se desinflará el suflé o si los cimientos son ya duraderos, pero los demás partidos tienen en la marcha de hoy un aliciente para moverse, no subestimar a su adversario e incluso aprender un poco de la clave de su éxito.


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