Dos meses para el examen de Cuba

Jiménez junto a Carl Bildt, el ministro sueco contra el que luchó por llevarse una primera victoria (Consilium)

Ya sin micrófonos, Trinidad Jiménez reconoció este lunes haber “estudiado el fin de semana” para su primera prueba europea. Desde que Miguel Ángel Moratinos llegó a Exteriores, España había ligado su nota en Cuba, una asignatura troncal de la política exterior, a la pericia del ya ex ministro para dar con la fórmula que permitiese las relaciones diplomáticas con La Habana a nivel europeo. Tras la reunión de ministros de Exteriores, parece claro que Jiménez se estrena con buen pie, que “progresa adecuadamente”, pero que será en el examen final de diciembre donde se juegue pasar de curso.

No hay conclusiones por escrito de la reunión de este lunes, sino que los 27 han dado un mandato a la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, para que llame oficialmente en nombre de la Unión Europea al régimen de los Castro con una oferta: un acuerdo bilateral que incluya comercio y cooperación a cambio de más presos liberados y un calendario de reformas económicas.

La Posición Común, obra de José María Aznar y que no ha dado ningún resultado en 14 años más que la obstinación de La Habana, no fue revisada, tal y como pedía desde hace un año Moratinos. Suecia actuó como portavoz de un grupo de países, en el que se encuentra Alemania y los de la antigua Unión Soviética, para dejar claro que necesitan mucho más para creer en la buena voluntad de un régimen gerontocrático y represivo de las libertades políticas.

Para revocar la Posición Común, que condiciona las relaciones diplomáticas plenas a avances en derechos humanos, hace falta la unanimidad. Como Jiménez se vio sin ella, decidió pasar al plan B: esquivar el texto, reinterpretarlo y no dejar que impida un acuerdo bilateral UE-Cuba, demostrando la tesis de Moratinos. Según él, el gran ausente ayer, sólo la negociación y el poder blando puede apuntalar hoy las reformas en Cuba. La liberación de 42 presos desde este verano parece apuntar en esa dirección.

El examen fundamental vendrá en diciembre. Para Raúl Castro, porque tendrá que demostrar que no sólo está dispuesto a liberar a presos inocentes. Para la UE, porque tendrá que demostrar que está preparada para vencer sus complejos ideológicos y sobre todo actuar con coherencia. Una UE que le pone la alfombra roja a China, se fotografía con los mandatario de Myanmar o evita sistemáticamente toda crítica a Marruecos no puede compensar con una política implacable hacia Cuba que incluye dedicar el premio más importante en materia de derechos humanos (el Sajarov, que concede la Eurocámara) tres veces en los últimos ocho años a la disidencia. Como si no existiera nadie más en el mundo que lo mereciese.

Jiménez aseguró estar cómoda, pero la tensión se notó desde que llegó, a las 9 de la mañana y demostrando que habla inglés (tampoco muy fluido) hasta que se enfrentó nueve horas después a una prensa española deseosa de radiografiarla. Su equipo más cercano estaba exultante tras el primer día de trabajo tras los flashes del ascenso. “Hemos pasado de la gripe A a las primarias de Madrid y ahora a Exteriores”, recordaba un miembro de su núcleo duro. Jiménez se despidió hasta muy pronto de la UE y se fue a Madrid como quien ha presentado uno de esos trabajos obligatorios para seguir peleando por el aprobado.

Mis dos crónicas en Público (sobre la decisión del Consejo y sobre el estreno de Jiménez) y el pdf con la portada y el despliegue.


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